Estableciendo la continuidad de consciencia


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Hay tres aspectos que nos inquietan especialmente de la existencia. Uno de ellos es el aspecto vida. Cuando vivimos en los bosques o cerca de la naturaleza observamos con atención como este aspecto se manifiesta de forma explosiva por cada rincón de tierra, agua o aire. La vida parece inmortal. Se expresa en todas partes y se esfuerza por reproducirse en todas sus dimensiones posibles. Diríamos que un mero cristal o una piedra está bañada de algún tipo de vida. Es como si la vida fuera una unidad latente en todo cuanto existe. De la roca surge el manto de tierra y de ella surge el mundo vegetal, el cual soporta el mundo animal al mismo tiempo que del mismo surge uno de los aspectos más inquietantes: la inteligencia.

Esto es algo intrigante. Seres pensantes capaces de transformar el medio mediante técnicas complejas de raciocinio se relacionan de forma inteligente con el entorno y con sus congéneres. La inteligencia no sólo crea cosas materiales que antes no podían surgir de forma natural por sí mismas, sino que además son capaces de crear cosas como la música, el arte o la filosofía. De esos cristales de roca, que mediante complejos sistemas químicos y biológicos, surge la capacidad de crear la novena sinfonía de Beethoven.

En la evolución humana ha existido algo aún más misterioso que a su vez ha nacido del aspecto inteligencia: la consciencia. No nos referimos exclusivamente a la consciencia del “yo”, sino a la plena consciencia de sabernos vivos, inteligentes y habitantes de un misterioso sistema de interrelación que se escapa a la vulgar razón. Una consciencia que tiene la capacidad de ver la vida en todas sus manifestaciones visibles e invisibles, y sobre todo, la Unidad de la misma.

La consciencia plena, algo tan difícil de alcanzar, nos aproxima a una visión diferente de la vida. Nos acerca tímidamente a una idea impresionante: la continuidad de la vida, y por lo tanto, la continuidad de la inteligencia y de la propia consciencia. Eso nos lleva a pensar que no existe eso que llamamos la muerte, el fin, el cierre o culminación de todo nuestro proceso vital. Si examinamos profundamente lo que los antiguos llamaban el sutratma y el antakarana, nos damos cuenta de que la vida es continuidad, y por lo tanto, no morimos cuando morimos sino que simplemente continuamos existiendo desde otra particularidad en el orbe cósmico. Nuestras dimensiones posibles de vida parecen infinitas.

La naturaleza, con sus ciclos, nos pone cientos de ejemplos y nos da pistas de cómo todo fluye hacia esa continuidad. De ahí la importancia de establecer un contacto íntimo y profundo con los misterios que nos rodean para afrontar la vida desde una visión más generosa y amplia. Esta visión nos permite dejar atrás los miedos, sobre todo cuando provienen de nuestra particular y limitada circunstancialidad. Nos permite mirar con calma cada segundo de nuestra vida a sabiendas de que no estamos perdiendo el tiempo, sino ganando un trozo de inmortalidad. Nos permite ver al otro como parte de este hermoso proceso de compartir, a sabiendas de que no existe separatividad, y por lo tanto, propiedad absoluta hacia las cosas. Nada nos pertenece ante esa visión cíclica, y todo cuanto hacemos, pensamos o sentimos va dirigido a progresar en los aspectos más profundos de la ciencia de la continuidad, del compartir, de la generosidad. Esa postura ante la vida nos hace más libres, y por lo tanto, más poderosos.

Al leer estas palabras quizás hayamos recibido algún tipo de inspiración. Eso es porque forman parte de la cadena de transmisión, de la continuidad del misterio a través de la palabra perdida. Su misión es ser compartidas. Su anhelo es que la continuidad persista.

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3 thoughts on “Estableciendo la continuidad de consciencia

  1. Tu interesante artículo – Pontifical pero interesante 🙂 – me lleva a un encuentro de hace unos días con quienes me parecieron “buenas personas”, aunque de extrema derecha española.
    Me quedé de piedra comprobando que el odio a la masonería permanece vivo entre ellos. Tu palabra perdida ha causado el efecto de unir las dos imágenes y volver a preguntarme por qué.

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  2. Vivimos en la ceguedad. Hay que ponerse los lente mágicos para percibir la verdadera esencia de la vida. Y eso… no es fácil, porque abruma.. Mi experiencia en los bosques durante siete años ha sido increíblemente maravillosa y sigue siendo… Un abrazo

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