La Nave del Misterio que Surca el Océano.


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La noche se presenta misteriosa. Las procesiones estelares surcan los valles cósmicos, los aledaños infinitos, las luciérnagas estelares. Miramos al cielo y no somos conscientes de lo que ahí fuera se teje. Nuestra mirada finita no es capaz de desentrañar todo cuanto ocurre. Sólo vemos centellas parpadeantes y tímidas que se arremolinan a una luna de miel cargada de caminos cósmicos. Nosotros navegamos a una velocidad de vértigo sobre el misterio que surca el vasto universo. Su océano está bañado por millones de pequeñas motas de polvo astral que resuman en el oleaje sempiterno.

Mi mirada se para en el sonido del viento. Entre las ventanas de este pequeño habitáculo intento abandonarme a esa inmensidad para plasmar, aunque solo sea de forma anecdótica, alguna respuesta certera. Esa infinitud me hace pequeño y humilde. Me obliga a deshacerme del pesado equipaje, de mis inútiles creencias sobre la vida, de mis torpes emociones con respecto a todo cuanto ocurre.

Hay algo que se asoma de forma tímida. Es una luz que guía. La llave del depósito que contiene todo cuanto existe. Se manifiesta entre telares que secundan silencios. Abrirse paso entre ellos es como si de repente entraras en una espesa capa de telas de mimbre. Algo inaccesible si no eres capaz de tejer una malla suficientemente poderosa como para albergar en ella todo ese sediento y húmedo despertar.

Si observamos la vida como un instante da vértigo. Ahora que se escucha con fuerza el viento me pregunto hasta cuando durará su melodía. No es una expresión de miedo a lo que inevitablemente ocurrirá tarde o temprano. Sólo de respeto e inquietud, porque la hora marcada nadie la sabe. Solo es cuestión de percepción. Y ante esta soledad tan querida la percepción es que somos un átomo de tiempo, una milésima de cordura.

Esta mañana tuve tiempo de poner algunos troncos pesados sobre las ocho columnas de la futura cabaña. Cambiar la vida de una caravana a una pequeña cabaña es un hito histórico en esta pequeña etapa. No requiere mayor esfuerzo que la constancia y el amor por las cosas sencillas. La capacidad de adaptación no hará que sea más feliz entre madera que ahora entre helada y delgada capa de caravana. No sé si ganaremos calidad en cuanto a la humedad, que aquí es algo temido. Tampoco sé si el vivir en mitad del bosque, porque la cabañita está escondida entre robles, castaños y abedules, hará que la inspiración crezca. Lo que más me seduce es ese abrazo al misterio de la creación. Es esa misericordia de cocrear sintiendo la vida en cada pesado paso. Mientras levantaba los pesados troncos de castaño miraba al cielo. Y en esa mirada de respeto nacía esa sencilla frase, esa súplica por entender todo cuanto ocurre. La Nave del Misterio que Surca el Océano. Eso somos aquí y ahora.

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