Via Lucis


a

Las almas viejas siempre se reencuentran centuria a centuria. Son como esas almas gemelas que sienten la necesidad de buscar su otro trozo de espíritu. He visto a personas recorrer miles de kilómetros solo para abrazar a otro ser, pedir disculpas por algún hecho pasado y creer en ese amor invisible que baña cada río de esperanza, de incondicionalidad, de fe. El amor siempre es mucho más amplio de lo que pensamos. A veces lo reducimos a un hecho puntual, local, personal. Es difícil contener un océano en una taza de te. Nuestro corazón no debe tener un tamaño mayor a esa taza, pero muchos se empeñan en reducir el amor a ese pequeño espacio, ignorando que esa fuerza, ese sentir, siempre rebosa a caudales por el espacio infinito.

Amar al semejante nunca fue fácil. Tendemos a protegernos de sus amenazas, sabotear cualquier tipo de condición o promesa con tal de seguir a salvos en nuestro espacio de seguridad. Pero a veces ocurre que somos capaces de desnudarnos, de sentirnos abiertos al otro, sin corazas, sin complejos, sin creencias. Simplemente despojados de cualquier árida condición.

Como seres provisionales, deberíamos dejar espacio para que la vida nos sorprendiera. Dejar de medir el tiempo, dejar de encapsular las posibilidades vitales en proyecciones futuras. Cuando eso ocurre, acontece el milagro de la vida. Los seres se unen, los seres se alegran, los seres dispensan en mutua comunión el verdadero sentido de la sabia existencia.

Por eso ese abrazo reconciliador terminó obrando el milagro. Por eso esa palabra sincera acabó no cerrando un círculo, sino abriendo un sin fin de posibilidades. Ese arcoíris completo a los pies del Camino fue señal suficiente para comprender el pacto, el complejo e ininteligible devenir del misterio. Desnudos de apariencias, abrazados durante un tiempo ilimitado, mirando desde las ventanas del alma aquello que nos conecta con lo más profundo del corazón humano, supimos reírnos de aquellas cuevas oscuras que no se abrían, de aquellas espadas puntiagudas que no fueron capaces de soportar el peso del momento. No importa nada cuando para el mundo eres invisible, secreto, furtivo. Nada importa cuando el amor triunfa.

Estoy agradecido. Me siento afortunado. Se obró el milagro. La vía de la lucidez pudo contra todo. La senda del amor incondicional salvó la distancia, los tiempos, las circunstancias siempre pasajeras para sellar ese pacto eterno y bello. Gracias a ese cantar hoy me siento liberado, amado, sentido. Gracias a esa generosa aportación a la esperanza el mundo ha brillado un poco más.

Gracias Via Lucis. Gracias Relux. Gracias a la vida.

DSC_0488

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s