La triple cuenta de resultados con algo de consciencia


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El otro día nos visitó Eduardo, un joven consultor que estaba haciendo el Camino y que ya había estado con su familia en O Couso. Fue agradable compartir la tarde junto a su compañero de viaje Pepe. Hablamos de muchas cosas, de las millonadas que las grandes empresas pagan para guiar sus próximos pasos a seguir. Un trabajo de consultoría en una gran empresa puede empezar a costar trescientos mil euros. A partir de ahí, si el cliente está satisfecho y sigue con el proceso pueden llegarse a cifras de más de un millón de euros. Es evidente que los consultores están bien pagados. Pero Eduardo, una persona con ideas llenas de consciencia, intenta poner un matiz diferenciador a su trabajo. O al menos, su sueño sería crear su propia consultoría donde aplicar la triple cuenta de resultados (económicos, sociales y medio ambientales) de forma consciente.

Es decir, se trata de crear productos o servicios que sean buenos para la empresa en cuanto a su valor económico y el futuro beneficio, pero también bueno para el conjunto de la sociedad y para el medio ambiente. Una experiencia de consumo que beneficie a todos por igual.

Este punto de la triple cuenta de resultados es transcendental hoy día debido a la importancia de la sostenibilidad grupal y planetaria tan entredicha por nuestras nefastas actuaciones sobre el medio. Parece ser que las empresas empiezan a tenerlo en cuenta de forma cada día más considerable, pero no sabemos cuanta masa ingente de personas aplica esta misma consciencia en el día a día.

Cuando vamos a la compra existen cientos de opciones donde poder utilizar nuestro dinero. Algunos, cada vez más, optan por comprar productos bio o eco. Es cierto, son algo más caros, ¿pero acaso cuidar nuestra salud debería ser una cuestión de caro-barato? Hay otros que prefieren no comprar productos de origen animal. En una cuenta de resultados global, entienden que todos los pastos que son necesarios para mantener la cabaña de reses que alimentan a media humanidad podrían utilizarse para cultivar otro tipo de alimentos. Hay estadísticas y estudios que nos muestran todas las hectáreas de cereales que son necesarias para producir un kilo de carne de origen animal. Es algo inviable a largo plazo por los efectos contaminantes de los purines y los gases que producen, pero que pocos consideran en su dieta diaria.

Es por eso que cada vez que vamos a comprar al mercado debemos preguntarnos como lo haría una empresa que aplique la triple cuenta de resultados. ¿Es bueno para mí, y además es bueno para la sociedad y el medio ambiente?

Alguien nos contaba que en un pueblo de Cataluña de unos doscientos habitantes tienen una población de quince mil porcinos. Están felices porque están ganando mucho dinero, pero han descubierto que sus aguas en un radio amplio están contaminadas por los purines de los cerdos y deben traer agua potable desde más de cuarenta kilómetros de distancia. A largo plazo, este tipo de prácticas, y pongo esta sólo como ejemplo, ¿son sostenibles? Lo impresionante de todo esto es que somos nosotros los que provocamos que unos productos aparezcan y otros se mantengan o desaparezcan. Es nuestro voto cada vez que vamos al mercado lo que hace de este mundo un lugar habitable. ¿Lo hemos pensado alguna vez?

(Foto: Luis “el polaco” ha venido a restaurar el horno de leña. Su sueño es que en O Couso podamos sembrar nuestros cereales y con ellos realizar nuestro propio pan. En todo el proceso tendremos en cuenta la triple cuenta).

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