¿Es radical ser radical? Sobre la defensa de los animales.


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Alguien se molestaba el otro día por mi forma a veces un tanto visceral de defender al reino animal. De alguna forma se sentía ofendido porque pensaba que mi manera radical de pensar no era sensible con las personas que comen carne.

Debo decir que tiene razón. Respeto profundamente a las personas que comen carne. Toda mi familia lo hace y el noventa por ciento de mis amigos. No dejo de amarlos por su condición de omnívoros ni intento inculcarles los sorprendentes beneficios de una dieta vegetariana. Pero sí admito el reproche, e incluso cierta radicalidad en mis posturas.

El caso es que veo esta cuestión de forma muy similar a como los primeros exploradores de la era colonial veían a los caníbales. O de cómo la américa civilizada veía con horror la otra américa, aquella que esclavizaba a sus hermanos de color. Eso que ahora parece tan obvio, en aquel momento eran posturas radicales. Salir a la plaza mayor a defender a los negros, a las minorías, el voto de la mujer y cientos de cosas parecidas era de radicales, de extremistas, de personas sin muchas luces. Resulta que la consciencia humana sigue avanzando y no se conforma con buscar justicia, igualdad y libertad para sus congéneres. Ahora desea dar un paso más y cada día son más los que salen a la plaza pública para defender también la vida animal.

España tiene una cultura brutal con los animales. No porque se alimente de ellos, sino porque en su ADN cultural existe el maltrato en las ferias de los pueblos, en tradiciones macabras y aceptadas por todos con una complicidad absoluta como el Toro de la Vega o como esa ancestral tradición de matar toros en el ruedo, llegando incluso a la aberración de llamarlo “cultura”. Hay ritos de paso que ya no son necesarios. Las matanzas que de siempre se han practicado en los pueblos ya no tienen sentido en un mundo donde la abundancia alimenticia no requiere de víveres para soportar el frío invierno.

Los tiempos cambian y soy plenamente consciente de que esto que ahora parece una postura radical, de aquí a un par de siglos será lo más normal del mundo. La gente dejará paulatinamente de comer carne y existirá un delicado equilibrio entre la sensibilidad humana y la animal. Beber sangre y comer carne dejará de ser algo propio de humanos, y los ritos de sacrificio en el mundo de la alimentación se verá en ese tiempo como una terrible consecuencia de nuestra ceguera e insensibilidad.

Siento de veras si con esto que digo ofendo a mis queridos omnívoros. Mi única intención es la de denunciar esta injusticia, esta falta de lucidez por nuestra parte, esta aberración inconsciente de nuestra psique colectiva hacia el reino animal, hacia esos pequeños hermanitos que se encuentran en su propio proceso conciencial y evolutivo. Es posible que estas posturas sean un poco radicales. También lo fueron en su día los que lucharon contra la esclavitud, el apartheid o el voto de la mujer. Es cuestión de tiempo. También es cuestión de conscienciarnos sobre otras formas de ver y entender la vida sin tanto dolor para los otros, aunque los otros sean pobres terneras o pollitos recién nacidos a quienes de forma cruel les arrancan en vida las alas para servirlas en restaurantes de comida rápida.

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