Más Mas


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Sin duda hay políticos y políticos. Algunos aprendieron eso de la unidad psíquica de la humanidad y otros se quedaron en aquello de los castillos feudales. Son formas de ver y entender la vida. Unos reclaman ciudadanía universal y otros reclaman territorios donde expandir su egolatrilidad.

Mas va quemando todas sus naves con tal de no pasar a la historia como un político corrupto, sino como el héroe que toda nación requiere. Primero pretende quebrar y dividir a un estado. Luego ha conseguido lo mismo con su nación catalana donde ahora más que nunca hay catalanes de un bando (independentistas) y catalanes de otro (unionistas). También ha divido su coalición, su partido de toda la vida, desquebrajando en dos lo que antes parecía uno. Ni convergen ni están unidos. En menos de cuatro años ha conseguido quebrar todo un proyecto de país para convertirlo en un quebradero de cabeza indigesto.

Es el precio de esa extraña necesidad de algunos de querer pasar a la historia sea como sea. Y a eso se apuntan hasta monjas capaces de creerse en una especie de salvadoras de patrias. Todos quieren estar ahí, incluso el ciudadano medio, el cual ahoga sus penas con ilusiones de cualquier tipo, con banderitas colgadas en los balcones como queriendo decir eso de “yo soy de los buenos”. Y los que no cuelgan su banderita debe ser de ese tipo de personas que no se enteran de nada, que no son verdaderos patriotas y merecen como mínimo nuestra desconfianza.

Me hacía gracia cuando de pequeñitos nos hacían odiar las patrias y especialmente las banderas españolas. Lo pude entender y jamás se me ocurrió enarbolar ninguna de ellas. Pero ahora me quedo de cuadros cuando veo tantas y tantas banderas en tantos y tantos balcones. ¿No éramos todos ciudadanos y aborrecíamos las banderas? Lo entendí mal. Éramos todos antiespañoles y despreciábamos la bandera española. Sacar una bandera española es ser facha, sin embargo, sacar una estelada cuanto más grande mejor (el tamaño sí importa) es ser una persona libre que demanda libertad y que además se cree en posesión de cierta verdad extraña en los tiempos que corren: el amor ciego a la patria o la nación.

El presidente Mas está en el camino de no retorno. Volver atrás sería un suicidio no político, sino civil. Traicionar la ilusión de un pueblo se puede pagar muy caro. Por eso mira hacia delante. Nos ha metido a todos en un buen lío y ahora solo se puede salir del mismo con la victoria. Y la victoria significa crear un nuevo reino donde ningún tribunal pueda juzgarlo por cohecho, prevaricación, y todas esas cosas por la que se juzga a políticos corruptos (recordemos que el anterior presidente de CIU tuvo que dimitir por sus trapicheos, también el padre del nacionalismo catalán, Pujol, está siendo investigado y las sedes de CIU están siendo embargadas).

Ante este panorama, ¿cómo juzgar al héroe de la patria? ¡¡Amnistía!! Gritaría el pueblo emborrachado de gloria. ¡¡¡Libertad también para nuestro héroe!!!

¡¡¡Adelante pues comandante Mas!!! Hasta la victoria siempre…

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3 thoughts on “Más Mas

    • Querido Anónimo, es cuestión de perspectiva. Nací en Cataluña, y digo yo que tengo un mínimo derecho a opinar, aunque mi opinión no guste al igual que a mí no me gusta según que opiniones. No es cuestión de estar o no escorado, es cuestión de participar en un debate intenso y que puede provocar muchas cosas buenas, pero también algunas peligrosas. ¿Principio de libertad? Bueno, quizás alguna libertad mal entendida y escorada, pero libertad al fin y al cabo…

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