Haciendo dedo en la vida


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Kevin llegó para estar una semana con nosotros. Respetuoso, sin hablar mucho español, pausado, amante de la quietud, paseaba descalzo por toda la finca y trabajaba casi sin descanso las cuatro horas pertinentes. Americano de origen francés, o francés de origen americano, nos contaba que nació en Francia pero había vivido casi toda su vida en cinco estados de Norteamérica, de donde es original su familia. Buscador incansable, había pasado algunos años en algún templo budista. Eso se notaba en sus ademanes, en su mirada, en su profundidad. A pesar de ser muy joven albergaba en su cuerpo esbelto un espíritu labrado en las cimas de la compasión y la calma.

Viaja haciendo dedo y trabaja unos meses al año para pagarse sus retiros y sus aventuras. Hoy debía marcharse al sur de Francia para ayudar a unos amigos en una mudanza. Le regalamos una de esas tiendas de campaña ligeras a la que le teníamos mucho aprecio. Pensamos que le sería útil en sus travesías y aventuras. Con el deseo de facilitarle la vuelta, lo acompañamos lo más cerca que pudimos hasta la carretera que le iba a llevar en unos días a su destino. Él insistía en que lo dejáramos en Samos, el pueblo más cercano, pero lo llevamos hasta más allá de Lugo, justo en la carretera de Ribadeo.

Cosas de la vida, había allí un hombre dejando también en ese cruce a dos norteamericanos que había recogido horas antes en alguna parte cerca de San Xenxo. El hombre, dada la coincidencia, empezó a hablarnos sobre la buena gente que hay en el mundo, especialmente aquellos que confían en la vida y se paran para recoger a autoautopistas. Los tres chicos tuvieron suerte. Al poco rato llegó un matrimonio que iba hasta Oviedo y los acercaría hasta allí.

Leíamos hace un rato el testimonio de Rafael, un buen amigo y mejor persona que habla de nuestra mentalidad calculadora. Hay personas que miden el coste material, moral o emocional de cualquier acto. Hay otros, como Rafael o el hombre de San Xenxo que no miden ni calculan el costo de sus actos. Se entregan simplemente a un razonamiento diferente, a un dar sin esperar ningún tipo de recompensa. Forma parte de una conducta, de una educación, de una moral que va más allá de la espera, la recompensa o cualquier otro tipo de visión egoísta. Hay gente que es generosa por su propia naturaleza. Personas que lo dan todo, incluido aquello que para ellos es necesario, con tal de que el mundo se llene de inspiraciones positivas.

Kevin, con su serenidad y su saber estar nos ha dado un ejemplo de convivencia exquisito. Vino libre y se marchó libre, haciendo dedo, confiando en el destino y en el fluir de la vida, sin pedir nada, sin exigir nada. Su mirada amable y su sonrisa ha dejado aquí un trozo de lealtad al ser humano. Ahora solo debemos empezar a darnos cuenta de que algún tipo de esperanza existe en nosotros, en todo cuanto nos rodea como ser natural. Sólo tenemos que aprender a ser algo más libres, a pensar de forma diferente, a dejarnos fluir por la vida y sus derivas. Algo más de generosidad, sencillez y humildad vamos a cosechar gracias al ejemplo de estos seres. Sin duda nos han inspirado. Sin duda nos han acercado mucho a la reconciliación necesaria.

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