Vendo piso en Samos


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Cuando compré el piso en Samos lo hice como un acto de servicio, por esa vocación de querer siempre mejorar las condiciones del resto. En el frío invierno algunos nos duchábamos literalmente con toallitas de bebé a menos cinco grados de temperatura y otros iban a albergues a poner lavadoras y de paso darse una merecida ducha de agua caliente. Había cierta incomodidad en todo ello, pues si bien alegrábamos en algo los bolsillos de los que nos atendían, nos daba cierto pudor el poder estar molestando más de la cuenta.

Se nos presentó una ocasión única y me aventuré a comprar en una subasta este piso del que ahora disfrutamos para hacer lavadoras, ducharnos y trabajar con cierta tranquilidad. Es un lugar cómodo que hemos decorado entre todos con amor y cariño. Un lugar lleno de luz que ahora desea seguir su propio camino tras ser modestamente restaurado y mejorado, impregnado de nuestra esencia.

Todo evoluciona muy deprisa. Inclusive todo marcha a una velocidad interior de crucero. El otro día le decía a un buen amigo lo feliz que me siento viviendo en la caravana y de que dudo mucho de la posibilidad de cambiar la comodidad de esa estrechez por algo más grande. También estos días me daba cuenta de cómo caemos una y otra vez en la trampa de las cosas. Si bien la intención primera fue buena, la de ayudar a mejorar las condiciones de vida del otro en un entorno hostil, hubo algo de miedo y egoísmo en la compra, por eso de que nunca se sabe lo que pasará en el futuro. De alguna forma, el tener este piso libre de cargas suponía una seguridad de futuro si las cosas iban mal allí arriba en la montaña. Además, en su momento, permitió que dejáramos de pagar los altos alquileres que soportábamos en Madrid y hacer el traslado definitivo a Samos, especialmente de la empresa editorial.

Ahora ya estamos en Samos, hemos sobrevivido al duro invierno y nos vemos con ganas de seguir afrontando todo lo que va llegando. Pero también siento por dentro de que el piso ya no es necesario. Que con el dinero de la venta podremos habilitar una habitación donde poder ducharnos y muchas otras cosas más, además de pagar algunas deudas pendientes.

Así que ahí lo dejo, al universo, por si alguien quisiera comprarlo. Setenta metros cuadrados de piso luminoso por la irrisoria cifra de treinta y tres mil euros. Más información en:

http://www.idealista.com/inmueble/30465857/

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