Si no te gusta el sistema sal del sistema


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Es complejo definir al sistema. En el librito Creando Utopías lo llamé “estructura”, por ser algo que no está fuera de nosotros sino dentro. Durante generaciones hemos seguido sus normas, sus conductas, sus opiniones, sus ideas. La cultura en la que nacemos, el país o la nación condicionan toda nuestra existencia. Resulta complejo deshacerse de ese bagaje estructural que nos domina y nos muestra el camino a seguir. ¿Cómo renunciar a eso que nos constituye como seres sociales? ¿Y por qué hacerlo?

Quizás por dignidad propia, por libertad subjetiva, por justicia. Pero hay un motivo quizás mayor. Si un día te levantaras y descubrieras que perteneces a una especie destructora, violenta y egoísta, seguramente decidirías abandonar esa especie. Pero eso es algo ridículamente imposible. No podemos dejar de ser humanos por más que nos empeñemos. A no ser que hagamos una trampa en el discurso dialéctico. No se trata de dejar de ser humanos, se trata de conseguir ser mejores humanos. Mejores personas.

Mientras esta mañana limpiábamos una de las paredes de piedra de la futura casa de acogida, alguien me decía lo difícil que resulta ser buena persona en un sistema cuyos valores pervierten desde la raíz nuestra conducta. La ciudad es un reflejo de ese sistema perverso en el que nos enseñan a competir, a lucrarnos, a sacrificar nuestro ser para ser perfectos idiotas alineados a los deseos de la mayoría. Nos enseñan a amar una patria en la que hemos nacido de pura casualidad, a besar una lengua, unas costumbres, una bandera, unas ideas y una concepción del mundo basada en la brutalidad, en la violencia y en la ley del más fuerte, el más poderoso, el más ambicioso, ávido, insaciable e insatisfecho . Desde pequeñitos nos enseñan bajo la sedación de múltiples sistemas bien organizados como debe ser nuestro comportamiento, nuestras costumbres y nuestras normas de comportamiento. Vivimos y crecemos bajo la amenaza de la sanción y el castigo. Estamos rodeados de intimidaciones que nacen de la costumbre o la ley. No hay forma de rebeldía posible si no es acatando lo que la mayoría decide.

Alguien decía que quizás salir del sistema y no participar de él podría ser un acto egoísta. Realmente no lo es. Salir del sistema y vivir una vida salvaje en los bosques es un acto de amor y sacrificio por la humanidad, por el ser humano que llevamos dentro. Participar de un nuevo modelo, de un nuevo paradigma empezando de nuevo desde el principio es una forma de creer en el ser humano. Realmente es un acto valiente que pretende salir de la perversión en la que hemos nacido y a la que han amoldado nuestras mentes, nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestras vidas. No se trata de dejar de ser hormiguitas para convertirnos en felices saltamontes lúdicos. Se trata de aunar el trabajo y el esfuerzo para el bien común, para crear un modelo y un mundo diferente. Quizás idealista, utópico, ingenuo en algún sentido, pero radicalmente diferente.

Mientras esta mañana limpiábamos la pared de piedra veía como el joven idealista que me acompañaba en la tarea golpeaba fuertemente el yeso que la cubría dejando la piedra desastrosamente desamparada. Le llamaba la atención sobre su forma violenta de quitar el yeso. “¿Lo ves?” Le decía. “El sistema está dentro de nosotros. Prueba sacar el yeso de esta otra manera, deja el martillo y coge el cincel y busca la forma de que el yeso salga solo”. Es cuestión de paciencia, de cambiar la perspectiva, de mirar el yeso de otra forma. Es cuestión de empezar a cambiar nuestra conducta interior para que fuera todo resulte más positivo y amplio. La fuerza del martillo tiene que ir cotejada y guidada por la inteligente disposición del cincel. Nunca al revés, como nos han enseñado en el antiguo modelo. El nuevo paradigma ya no necesita tanta fuerza, ahora debemos aprender a pesar de forma autónoma, libre, abierta. Estamos entrando en la Era del Saber, en la era de la comunicación, de la tecnología, donde todo es más sutil, más volátil, más suave. En los bosques se puede apreciar esa sutileza. No es huida, no es egoísmo. Es un amor profundo por los valores y la búsqueda de ese nuevo mundo. El ser humano lo merece. La vida en el planeta lo merece. No se trata de huir del sistema, solo tratamos de construir una nueva estructura interior para que algún día el sistema se revierta hacia la bondad humana, hacia el compartir, hacia el amor universal.

(Foto: A pocos kilómetros de O Couso, unos amigos han adquirido una antigua casa en Montán, en pleno camino de Santiago, donde ofrecen un descanso al peregrino sin cobrar nada, aceptando la voluntad o el donativo, tal y como hacemos en nuestro proyecto. Encuentras bebida, fruta y pastas que puedes coger libremente. Una nueva visión del mundo, un nuevo ser humano está naciendo en ese pequeño gesto. Sigamos inspirando).

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