¿Qué hacemos con los libros?


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Mientras escribía estas letras desde las tierras altas felicitaba a Jordi Nadal por su día y también por ser uno de los editores más activos y optimistas que conozco. La primera vez que coincidimos fue en junio de 2008, en un encuentro de management y espiritualidad que se realizó en Collbató. Hice de humilde telonero de una charla que Jordi iba a dar entre amigos y empresarios y allí confesé mi ingenuidad a la hora de entrar en ese apasionante mundo de los libros. Jordi había creado recientemente su Plataforma Editorial mientras nosotros hacíamos nuestros primeros pinitos con Editorial Séneca. Fueron dos proyectos que nacieron parejos, y en estos años ambos hemos sobrevivido con diferente estilo y originalidad a un mundo convulso, el de la industria del libro.

Si tuviera una compañía de diligencias y carromatos en plena revolución industrial estaría preocupado. Los coches y los trenes pronto arruinaron ese sector. Algo parecido ocurrió con el comercio del hielo que existía antes de que se inventara el frigorífico. En estos tiempos, hemos visto como han ido cerrando poco a poco todas las tiendas de música o de revelado de carretes. Grandes industrias han quebrado y solo las que han sabido reconvertirse han logrado sobrevivir. Con el libro está pasando lo mismo. Me di cuenta cuando a los pocos años de emprender la aventura editorial vi como alguien estaba intentando rescatar de un contenedor de basura toda una biblioteca del siglo XIX. Aquella imagen me impactó. Y es una imagen que se ha ido repitiendo año tras año. Bibliotecas enteras de joyas literarias desahuciadas en algún contenedor de basura.

Antiguamente los libros habían servido como transmisores del conocimiento y las artes, la historia y la cultura, la literatura en todas su expresión. Hoy día esa función está siendo cada vez más cuestionada. Internert ha obrado el milagro de poner sobre un teclado todo el saber humano. Cualquier cosa que queramos saber solo debemos encontrar la fórmula correcta, la pregunta exacta. Las historias, la fantasía, ya no se vive desde la dimensión escrita, sino desde la visual. Dentro de internet se desarrollan muchos mundos, incluso algunos totalmente desconocidos para casi todos, como la Internet Profunda (Deep Web), ese lugar donde no es tan fácil acceder y donde podemos encontrarnos casi de todo lo inimaginable. El atlas del Torproject podría ser un ejemplo de todo lo que hay pero que desconocemos.

Cuando hablo con mis colegas editores como a veces hago con Jordi (Plataforma) o Antonio (Sirio) o Manuel (Almuzara) veo que hay un cierto desconcierto, pero al mismo tiempo, hay una absoluta desorientación sobre el futuro. Muchos de ellos viven de las rentas de éxitos pasados o de la nostalgia de esa generación que aún sentimos al libro como algo cercano y necesario. Pero nos cuesta asumir y ver la realidad. En estos años muchas distribuidoras han caído, dejando de paso grandes facturas sin pagar a los editores, los cuales hemos tenido que recurrir a la imaginación y sobre todo el hacer de tripas corazón para soportar el envite. Cierran dos librerías al día (la nuestra propia no aguantó ni un año) y siguen cerrando imprentas tradicionales y editoriales que no pueden aguantar una estructura excesivamente anquilosada.

La federación de editores ha hecho un llamamiento para salvar al libro. Es muy parecido al llamamiento que pudiera haber hecho el sector de las diligencias o de la venta de hielo, o el sector de la minería del carbón en tiempos donde la energía renovable y limpia se está imponiendo. Son llamadas de auxilio, pero también llamadas de desesperación para que el dinosaurio no se extinga. Quizás la transición total termine convirtiendo al editor en una especie de consejero o gurú espiritual en cuanto a obras de calidad se refiere. O en un gestor del conocimiento, el cual será administrado en archivos de descarga (ebook) que deberá vender a un precio razonable para ser competitivo en el abrumador mercado de la descarga libre y de la temible internet profunda.

Tiempos difíciles, pero sin duda, tiempos apasionantes. Sea como sea, feliz día del libro y feliz Sant Jordi. Que los dragones de la ignorancia y el miedo sigan siendo derrotados por la noble figura de la luz y la sabiduría.

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