La belleza de la vida ordinaria


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Muchas veces nos perdemos en grandes creencias sobre la posibilidad de alcanzar cierta iluminación, cierta consciencia elevada. Dedicamos media vida a profundizar en ocultas enseñanzas, a practicar extrañas técnicas y a bucear en las ideas de guías y gurús a los que nos presentamos con suma reverencia.

Es tanto el tiempo que le dedicamos a esa infatigable búsqueda que olvidamos la primera de las enseñanzas: la luz y la consciencia sólo puede manifestarse cuando hacemos bien nuestras pequeñas cosas ordinarias. Esto significa que no debemos renunciar a nuestro deber en pro de una búsqueda mayor, sino asumirlo y enfrentarlo con delicadeza, con ternura y cariño. Realizar todo aquello que la vida nos pone delante con el mayor cuidado posible es un primer paso de verdadera autorealización.

La luz o la consciencia nada tienen que ver con la vida ordinaria. Es un estado del ser el cual sólo puede ser alcanzado cuando santificamos nuestra vida común. Poner la máxima atención y respeto hacia todo lo que hacemos es lo que nos conduce hacia una verdadera experiencia del ser. Realizar aquello pequeño como si realmente se tratara de una meta sublime. Hacer las cosas desde el corazón es lo que nos aproxima al corazón. Por eso no importa lo que hagamos, sino la intención que pongamos en lo que hacemos. La vida, por propio espíritu de generosidad nos irá colocando en todas aquellas tareas que podamos realizar según nuestra propia consciencia. Pero esto no ocurrirá nunca hasta que no pongamos consciencia en lo que ahora estamos haciendo. No importa lo que sea, hagámoslo con amor.

La máxima atención cuando cocinamos, cuando conversamos con un amigo, cuando preparamos un regalo, cuando trabajamos, cuando cuidamos a nuestros hijos o padres. El máximo amor a todo aquello que nos rodea, a todo aquello que parece simple e insignificante, pero que, al mismo tiempo, está poniendo a prueba nuestras cualidades más profundas. Poner esmero y entusiasmo, concentración y talento en todo lo que hagamos nos llevará inevitablemente a cosas mayores.

Alguien dijo alguna vez: ¿Y cuales son las aparentes pequeñas cosas de la Vida? ¡Ser benévolos, pacientes, compasivos, dignos de confianza! Esto hay que hacer cada vez que nos mostramos incomprensivos o impacientes, o pronunciamos una palabra dura acerca de alguien. Cada vez que esto ocurre, debemos recordar que nos estamos alejando un paso de la luz y la consciencia.

La vida que enfrentamos es bella y profunda. Es el escenario perfecto para aprender a ser compasivos y amorosos. Sólo cuando amemos todo lo que nos rodea habremos dado un primer paso hacia los secretos que entrañan. El misterio es como esa música que aprendemos a bailar paso a paso, trozo a trozo.

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