Resucita


a

No esperes al tercer día. Resucita hoy, ahora.

Cuando lo hagas recuerda que un día estuviste ciego y muerto, ausente y dolido.

Cuando veas la luz delante de ti sigue su senda. Levántate y anda ante ella, sigue su estela, continua sus pasos hasta la firmeza del nuevo día.

Cuando divises el camino, no te detengas en su borde. Continua peregrino hasta que llegues a la puerta estrecha, y allí entra sin miedo.

Cuando vuelvas a la vida, disponte a practicar los mandamientos que de ella se desprende. Conviértete en un recipiente de su néctar y comparte su jugo con el mundo.

Cuando resucites y ya no seas un muerto, déjate llevar por el sabor de ese nacer. Serás un nuevo ser, verás con otros ojos y poseerás el don de apreciar cada segundo de existencia.

Cuando resucites recuerda a los tuyos, especialmente a los afligidos y desvalidos, a los que lloran, a los que temen, a los que por miedo se vuelven bravos e insurrectos. Pero también recuerda a los otros, que también son tu familia.

Cuando vuelvas a levantarte tras el fracaso inevitable, tras la pérdida, tras haber sido injustamente linchado y crucificado, no guardes ningún rencor. Perdona a aquel que no supo lo que hizo y glorifica su alma para que encuentre amor.

Cuando revivas, si es que lo haces algún día, sábete afortunado por esta nueva oportunidad. Da gracias una y otra vez a cada cosa que se te acerque, a cada palmo de día que discurra.

Si has entendido el mensaje de la vida, el profundo misterio de sus ciclos, resucita. Entrégate de nuevo, con pasión, fuerza y amor a todo aquello por lo que has nacido. No dejes pasar esta oportunidad, no dejes que la tupida calma te vuelva a adormecer. Disfruta de la primaveral belleza. Abraza el suspiro ardiente.

Si has despertado, por fin, se compasivo y agita a los otros. Enséñales ese otro paisaje, despierta en sus mentes la curiosidad por esa nueva vida, enciende en sus corazones la antorcha ineludible del misterio.

Resucita y vuelve, retorna, aguardamos tu pronta venida. Cualquier hijo de la luz te espera para que nos cuentes que hay en ese más allá que nos ciega.

Resucita cada día, al despertar, como si vinieras de una cruz que te enseñó a amar al semejante, mirando siempre de frente a esa vida que te espera.

Atraviesa el velo. Resucita, una y otra vez. Resucita…

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