Luna llena de Piscis en la comunidad de Findhorn


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“No son casuales estos viajes. Si te fijas en el ritual, se suelen hacer viajes simbólicos alrededor de las tres luces y a medida que avanzas de grado, pasas de trabajar con unas figuras a otras. Pasamos del triángulo al cuadrado, etc… hasta completar figuras geométricas cada vez más complejas. Cuando hacemos estos movimientos, dibujamos dichas figuras geométricas y con ello, realizamos cierta “magia”. A otros niveles, hacemos lo mismo en el plano físico. Cada viaje enclava un punto energético, que al ser unido por otro, recrea una figura geométrica específica, provocando la “magia” necesaria. Nada es casual. Esa figura es representada en la mente, y al contacto con la luz, recibe un tono de onda especial, una musicalidad que atrae ciertas energías y repele otras”.

Estas palabras fueron escritas allá por el año 2006 a un amigo. Forma parte de una serie de cartas que vamos a editar próximamente y que entrañan claves y propósitos que a veces resultan, como mínimo, curiosos. Cuando siento la necesidad imperiosa de viajar en los planos materiales de alguna forma intuyo que es porque está surgiendo un movimiento interior, algo que quiere cobrar vida y necesita de cierto distanciamiento para poder provocar su parto. Cuando ayer llegué por fin a la bahía de Findhorn tras casi una semana de espacioso viaje sentí que eso es lo que estaba ocurriendo. Un leve movimiento en un plano, pero una matriz que nace desde la horizontalidad a la verticalidad cumpliendo con el proceso mágico de crear un nuevo tono, una nueva onda.

Me sorprendió los pocos que éramos hoy en la meditación de luna llena. Es evidente que la comunidad de Findhorn está cambiando. Hoy mismo una de sus miembros lo decía abiertamente. La gente ya no viene buscando una llamada, sino una comodidad. Es lo que nos ocurre cuando creemos que la vida está hecha para buscar un merecido descanso. Olvidamos que el alma, el impulso vital que nos gobierna no puede descansar. Su propósito es transmitir eso que vagamente llamamos vida, y la esencia de esa vida discurre en una unidad universal que no somos capaces de percibir. En esa vida Una, somos sólo una pequeña parte, un microtrozo de algo que no puede parar, que no puede descansar, que ha nacido para sacrificar su existencia hacia la propia resurrección vital. Sin embargo, olvidamos esto tan crucial, y al hacerlo, de alguna forma empezamos a morir. Queremos descansar, dormir más, trabajar menos, tener una bonita casa donde poder pasar las horas sin hacer nada. Realmente eso es una forma de morir, una forma de darle la espalda al impulso vital, a la propia vida.

De alguna forma abandonamos el hogar del sujeto que nos da vida para morir, para perder el propósito. Y la vida es geometría pura, debemos dejar de ser un punto para convertirnos en un triángulo, y luego ir progresivamente expandiendo nuestro árbol interior, como el que dibujó Pitágoras en análoga experiencia. Debemos estar vivos, debemos reflejar vida, debemos seguir buscando si no hemos encontrado y debemos seguir trabajando si tenemos clara nuestra misión, nuestro propósito como minúscula mota de vida. Debemos renacer a la vida, de forma desesperada, de forma urgente. O moriremos dos veces.

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