El laberinto de Chartres


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Tras la visita a Oloron, ya de noche precipité mis pasos hasta Lourdes. Allí llegué casi a la media noche, con tiempo suficiente para disfrutar de la inmensidad del lugar y también de la belleza de la ciudad. A pesar de la cercanía nunca había estado en Lourdes y me llamó mucho la atención todo el contexto. Dormí en el coche en alguna parte entre Lourdes y Rocamadour, donde pasé parte de la mañana en su majestuosa iglesia nacida de la roca. Su virgen negra ha sido estudiada por aquellos fascinados en este tipo de misterios. Me sorprendió volver a ver allí a Santiago Apóstol. Se dice que Amador era el seudónimo del publicano Zaqueo, convertido por Jesucristo y el cual llegó a Galia, propagando en esas tierras el culto a la Virgen, cosa que produjo grandes peregrinaciones hasta ese lugar remoto.

 

De Rocamadour, un lugar perdido en mitad de la nada y de difícil acceso, viré hacia el norte hasta llegar a la bella Bourges. Allí me esperaban su impresionante catedral y la vida del que al parecer fue un adepto, un alquimista y un místico: Jacques Coeur, que fuera tesorero del rey Carlos V. En el trabajo que me lleva por estos lugares, no paré de hacer fotos de todo cuanto allí veía. En el palacio de Jacques Coeur, en el pórtico de la inmensa catedral de Saint-Étienne y en todo aquello que pudiera servir como material futuro. En el blasón de Coeur encontramos de nuevo otra pista: la concha del peregrino, símbolo inequívoco de su relación con Santiago. Para el sabio culpable en parte de toda esta trayectoria por media Francia, “la Concha de Compostela, sirve, en el simbolismo secreto, para designar el principio Mercurio, llamado también Viajero o Peregrino. La llevan místicamente todos aquellos que emprenden la labor y tratan de obtener la estrella (compos stella). Nada tiene, pues, de sorprendente que Jacques Coeur hiciese reproducir, en la entrada de su palacio, el icon peregrini tan popular entre los alquimistas de la Edad Media”.

Como dijo el sabio, la Naturaleza no abre indistintamente a todos la puerta del santuario. Cuando paseaba por la bella ciudad de Orleans antes de llegar a Chartres, donde me encuentro ahora a los pies de su catedral, me daba cuenta de lo complejo que resulta adentrarse en el lenguaje desconocido. Las piedras están labradas de ocultas lenguas que desean devolvernos al camino del conocimiento, a la senda de lo que somos realmente y que hemos olvidado. Pero en las calles de Orleans me daba cuenta de todo lo que aún nos queda por hacer para que esa esencia se manifieste.

Ayer noche pasé algo de frío en el coche. Pero por suerte sólo me desvelé dos veces. Hoy no amaneceré en mitad de un bosque perdido en alguna parte de Francia. Hoy estaré justo en frente de la catedral de Chartres, la cual espera que mañana desvele sus misterios. Los laberintos aguardan al intrépido. El camino se manifiesta para aquellos que dan un primer paso. No podemos permanecer inmóviles al borde del Camino. Hay mucho trabajo, hay mucho por hacer. El fuego de los dioses llegó a nosotros para desvelarnos de nuestra oscuridad. Ahora hay que ir a buscar ese fuego en nuestro interior.

Mañana, tras imbuirme de Chartres, parto hacia Notre-Dame de París, Amiens y Calais. La Gran Bretaña me espera para acoger la otra aventura. Que así sea.

(Foto: Catedral de Bourges)

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One thought on “El laberinto de Chartres

  1. Es un placer leerte, ahora que estás lejos, es la forma mas bella de sentirte. Me encantaría haber hecho ese viaje contigo. Pronto estaremos viajando juntos hacia otros misterios. Un super abrazo!

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