Oloron


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Todo viaje siempre resulta enigmático e iniciático. De alguna forma, todos deseamos viajar siempre a esa “Tierra Santa” que nos sitúe, desde las esferas más interiores, en el plano central, allí donde, según la tradición, se situaban los emperadores. La quietud siempre se desborda ante las pruebas del camino. Buscamos intensamente esas señales que nos deben conducir hacia otro lugar, hacia otra esfera de realización. Al principio todo resulta ser un laberinto. Las pruebas son extrañas, los lugares expresivos. “Tierra Santa” siempre fue el lugar de los elegidos, de aquellos que lograron llegar a ella. ¿Qué fuerzas tuvieron que vencer? ¿Qué pruebas llenaron su vida de experiencia?

Esta mañana temprano salía desde Samos hacia el sur de Francia. Hice una parada técnica en Siero, en un hermoso valle de Asturias. Allí dejé una caja cargada de libros que hablan sobre catedrales, sobre ritos iniciáticos, sobre constructores. La sensación era extraña, ya que esa entrega tenía que ver en parte con el viaje que me aguardaba. De alguna forma, estos próximos días hasta llegar al norte de Escocia los voy a dedicar a fotografiar iglesias, catedrales y viejas abadías.

Mi primer destino señalado era Oloron, Saint Marie de Oloron. Tras nueve horas de viaje tranquilo por todo el norte de España llegué ya de noche a este lugar. Ha sido hermoso atravesar un trozo de Francia por carreteras interiores.

Lo primero que me ha llamado la atención cuando he llegado a la hermosa catedral de la villa ha sido una frase que relata parte de la historia de este lugar: “En foulant la voie d’Arles, en route vérs Saint-Jacques-de-Compostelle”. Cosas del Camino, este lugar donde ahora me encuentro es el cruce de caminos que conducen desde las rutas europeas a Santiago por el paso de Somport.

Los próximos destinos franceses son Rocamadour, Bourges, Chartres, París y Amiens. La ventaja de viajar y dormir en tu propio coche es la libertad de no tener horarios, y de improvisar cualquier cosa sobre la marcha. Oloron ya me ha dado pistas sobre el significado de este viaje. Ahora toca seguir avanzando hacia la prueba del laberinto. Tres meses me esperan por delante para, desde las Tierras Altas de Escocia, desenredar el núcleo gordiano en el que desde hace años ando envuelto.

El sur de Francia nos devuelve a las tradiciones de los juglares, de los trovadores, los cantores, los poetas. Todos estos paisajes que ahora recorro están plagados de herejías de todos los tiempos. Hay una constante insinuación en el paisaje sobre aquellos visionarios que se convirtieron con el paso de los tiempos en recipiendarios de la tradición espiritual en Occidente. La gestación y la gestión de la misma sigue en manos de unos pocos que bucean en sus misterios. Con respeto hirviente me atrevo a seguir adelante, ahora hacia tierras del norte. Rocamadour y sus misterios me esperan. Vamos a desentrañarlos.

 

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