La dama de Shalott


John_William_Waterhouse_The_Lady_of_Shalott

Desde mi ventana escucho los alaridos a ambos lados del río. Largos campos y montañas, bosques y senderos que se entremezclan con la bruma de la mañana. Todo está vestido, la colina, el cielo, los verdes mantos de hierba. Salto de un lado para otro, de la alameda hacia lo alto, visito los rincones donde las ardillas se esconden y bordeo como un haz de luz la flexibilidad del viento. Allí, a lo lejos, entre dos mares, veo el brillo de un espejo donde se refleja su rostro mientras teje.

Las gentes van ciegas mientras que todo se maneja sobre sus cabezas. Nada entienden aunque les duela aquí y allá, nada saben de ese color que se teje en el otro lado y que irremediablemente nos importuna, nos sobrepasa. Solo allí donde los lirios se mecen en la calma del silencio, en aquella isla soñada o en la sombra de los sauces puedo entender esta marea extraña. Es la espera de aquella que teje. Es la espera de aquella que ama.

Los álamos se estremecen, las estrellas brillan en un crepúsculo suave, la brisa nos recuerda el paisaje celeste. Hay olas que se levantan y se desplazan eternamente. Hay mares enteros que contienen la magia de cada instante. Podemos inmortalizar cada verdor, pero sólo en aquel lugar invisible, sólo allí puedo volar sin demora.

¿Habéis viajado alguna vez a Camelot? ¿Pudisteis pasear por las afueras de la Isla Blanca? ¿Qué hay allí en la serena calma que la niebla nos trae desde las tierras altas? Grises muros y torres se levantan entre nosotros y nuestros sueños. Incluso aquella hermosa dama de Shalott nos espera paciente a que despertemos. Quiere mostrar su mano para llevarnos a su isla, a su campo de flores teñido de noble deseo.

Entre la espesa ternura me despierto. Sigue ahí la ventana que vigila los montes y campos. El río y sus dos orillas. Las gentes dormidas y ciegas. Escucho una canción que me recuerda la Isla Blanca. Resuena alegremente entre la ciénaga de mi dolor que es arrastrado por su recuerdo hacia la alameda de Camelot.

Apilo fardos en las entrañas de mi memoria. Cansado, miro hacia todas partes, buscando aquella sombra, aquella niebla, aquella luz. A veces, en el silencio más estrecho, escucho algún susurro. Debe ser la dama, la bella hada de Shalott.

Ella teje haces de luz. Una tela mágica para proteger al peregrino. Espera en su atalaya, en su monte, en su castillo. Cansada de las sombras, espera la llegada del noble caballero. Entre las hojas, ella espera sentada a su Lancelot. ¿Qué maldición es esa que nos separa? ¿Qué será aquella barca? Roto queda el espejo mientras la dama avanza. El río y sus dos orillas… que nos separan.

(Ilustración: The Lady of Shalott ,de John William Waterhouse).

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