Antes de que puedas recorrer el Sendero, debes convertirte en Sendero


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Hay una clave de verdad oculta en estas palabras. No podemos intentar crear un proyecto, no podemos procurar crear nada si antes no nos hemos convencido de que eso en lo que creemos es posible en nosotros mismos. Muchos estudiantes de lo arcano nos hemos pasado la vida entera teorizando sobre la existencia, añadiendo creencias, dogmas, significados y explicaciones a cosas que por sí mismas nunca hemos podido experimentar en nuestras vidas. El verdadero camino debe pasar por la propia experimentación. No podemos teorizar sobre el amor, sobre la voluntad, sobre el conocimiento, si antes no hemos experimentado todo eso en nuestro interior. Es necesario practicar los caminos para luego poder mostrar la luz que de ellos se desprenden. Es necesario afianzar el conocimiento en la práctica, en el poder de vencer nuestras resistencias, nuestro pasado, nuestras propias circunstancias y labrar así el siguiente paso. Ese es el principio de toda sabiduría merecedora.

Uno puede llegar a la edad de los sesenta o setenta años y ver que todo lo que hasta ahora había hecho era hablar una y otra vez sobre las maravillas del mundo. Pero puede darse cuenta, quizás por un accidente, por un trauma, por una pérdida, de que durante todo ese tiempo no ha sido capaz de dar ni un solo paso en ese sentido. La investigación nos puede dotar de fuerza suficiente para dar ese primer paso, pero esa fuerza debe venir acompañada de valor, de desprendimiento, de acción, de cierta heroicidad. Energía y fuerza son dos palabras que deberíamos considerar dentro de una investigación profunda, pero también dentro de una practica continuada y sincera.

¿Y cual es el precio que estamos dispuestos a pagar por ese paso, por ese pequeño y ridículo empeño por empezar verdaderamente a avanzar? Dependerá de todas las anclas que hayamos construido, de todos los muros que hayamos levantado en los planos de la materia, de la emoción y el pensamiento. Cuanta mayor atención hayamos puesto en esas cosas, mayor será el precio que haya que pagar para poder empezar a caminar. No se trata de empezar a descuidar esos aspectos, sino de integrarlos en nuestro camino sin que se conviertan en el camino. Debemos integrar nuestra triple personalidad para luego magnetizarnos de esa fuerza superior que nos mantiene en la corriente de vida.

Durante toda una existencia hemos tenido tiempo de construir grilletes lo suficientemente fuertes y potentes para impedirnos ni tan siquiera dar un leve suspiro hacia lo que verdaderamente sentimos como importante. Han sido tantas las cárceles construidas, interior y exteriormente, que nos supone un mundo entero poder salir de ellas. Hasta que un día descubrimos que todos esos miedos, que todas esas cárceles no son más que un punto de ficción, un añadido de fantasía en nuestras vidas que nos alejan de la vida Real. Siempre ponemos excusas para todo: la familia, el trabajo, la hipoteca, la comida, las aspiraciones, los amores, las responsabilidades, los valores, las creencias. Las excusas para no caminar en nuestro Sendero son inagotables. El miedo se encarga de fortalecerlas, de limarlas con asperezas insuperables. Lo único que debemos hacer realmente es darle la vuelta a esos pensamientos: la familia, el trabajo, y todo lo demás son bendiciones que nos han de ayudar a dar el salto definitivo. Todos esos aparentes obstáculos no son más que puentes que se abren ante nosotros para poder vencer nuestras aristas. Son bendiciones que nos deben hacer más fuertes y consistentes. Es nuestra verdadera escuela, pero no para encadenarnos a ella, sino para trascenderla.

Vivimos en un mundo de ensoñación donde resulta difícil despertar a la realidad de lo que realmente somos. Pero estamos aquí, y ahora, ante la siempre oportunidad de seguir adelante. Peregrino, camina, da ese primer paso. Conviértete en Sendero. Practica los caminos…

(Foto: © Anatolih)

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3 thoughts on “Antes de que puedas recorrer el Sendero, debes convertirte en Sendero

  1. Este amanecer he estado reflexionando sobre esas palabra de cinco letras que tantas veces nos convierte en carceleros de nosotros mismos. Esto lo considero una sincronicidad y lo celebro. Saludo a mis miedos, los observo y me observo. Ya desconecté el piloto automático. Me siento a mí misma, a veces muy plenamente y otras veces me encuentro entre pensamiento y pensamiento, casi escondida en un recoveco. Respiro profundo y otra vez me siento… te leo y me vuelvo a sentir.

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