Hacia la expansión del fuego cósmico


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Algunos sensitivos, poetas o místicos hablan de esa fuerza que nace del núcleo de la galaxia y que atrae a todos los cuerpos celestes hacia su centro. A menor escala, podemos observarlo en la esfera que llamamos Sol, viendo como los astros que lo circundan danzan sobre su eje de atracción.

Un gran fuego cósmico inunda todos los rincones de la galaxia, incluyendo nuestros tejidos, nuestros órganos, nuestras células, nuestros átomos, nuestro lenguaje. De alguna manera, el ser humano, como todos los seres vivos existentes, son receptores de esas energías, de ese fuego. Poseemos un calor interior que crece como testigo silencioso de esa realidad. Cada pensamiento, cada emoción, expresan parte de esa fuerza que somos. A veces tomamos conciencia de que algo ocurre cuando emitimos al universo una nota clave, un sonido, una mueca, un gesto. Algo cambia cuando decidimos tomar una u otras decisiones en nuestra vida cotidiana. La suma de muchas decisiones colectivas engrandecen la fuerza de esa idea simiente o ese gesto. Para demostrarlo, para ponerlo en marcha o para dotar de mayor fuerza a ese cambio silencioso, cada vez son más seres humanos los que optan por trabajar juntos con una clara intención de engrandecer sus notas, sus acordes, en un concierto de paz, armonía y evolución.

La totalidad mayor se manifiesta en nosotros desde el corazón del universo. Y nosotros asumimos nuestra parte y nuestro compromiso al aceptar ser partícipes conscientes de ese amoroso acto de vida. Lentamente, las influencias cósmicas nos penetran y muchas veces optamos por sentirlas, por entenderlas, por alinearnos con esa voluntad superior que nace del misterio y de lo incognoscible.

De ahí que de alguna forma nosotros seamos como subestaciones de energía humana, capaces de transmitir fuerzas integrando en nosotros cierta colaboración con esa potente energía. Hay un trabajo grupal organizado y dirigido a crear el bien en nuestro planeta, a engrandecer la cualidad de su energía, a comprender que la luz del conocimiento, que la belleza del amor y la fuerza de la buena voluntad pueden crear hermosas notas musicales que alegren la vida. Hay personas y grupos que de forma consciente, alineados a esa gran voluntad más allá de nuestras pequeñas voluntades se juntan para clamar un mundo mejor.

Muchas veces nos preguntamos qué podemos hacer para ser una nota clave, para transmitir ese oxígeno vital que nos envilece y nos lleva a cuotas más elevadas de humanidad. Primero buscar nuestro perfeccionamiento individual y luego compartirlo con nuestro grupo afín. No hay mayor regalo que despertar un día a esa realidad superior y abrazarla valientemente desde la más amplia y profunda de las consciencias. Laten los corazones unidos, vibran nuestras miradas juntas, se expande la fuerza de una consciencia emancipada, amplia y libre. El trabajo Uno, la mota de fuego cósmico que nos atraviesa nos llama al deber y el trabajo. Cumplamos alegremente nuestra parte. Seamos partícipes de la expansión universal. Seamos fuego cósmico. Sólo debemos encontrar nuestro grupo, sólo debemos encontrar la manera.

 

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