El alma que existe en la Naturaleza


a

Ayer alguien nos preguntaba porqué preferimos vivir en las caravanas y no en algún otro lugar más cómodo, inclusive a sabiendas de que unos kilómetros más abajo, en el valle, tenemos un pequeño refugio donde estaríamos más cómodos. Es difícil comprender que donde realmente estamos bien es donde estamos, en nuestra pequeña caravana, junto a los pequeños animales del bosque, rodeados de árboles y montañas. Todas las noches y todas las mañanas miramos el termómetro para saber a qué temperatura nos enfrentamos. No queremos ser irresponsables con nuestras vidas y acabar como el bueno de Christopher McCandless, el cual murió de hambre e inanición en la tundra de Alaska.

Es cierto que como él, nos hemos dejado llevar por el romanticismo y el naturalismo de literaturas que nacieron de la mano y el corazón de personas como Jack London, León Tolstoi o Thoreau. Este último ha sido para nosotros un referente en muchas cosas, especialmente por su propia vida de austeridad y contacto directo con la naturaleza en su lago Walden, en aquellos bosques norteamericanos que tanto nos inspiran.

Pero somos prudentes, como decíamos, y tenemos abundante alimento y estufas que nos protegen del frío cuando hay heladas. Las caravanas resisten las inclemencias y nuestros cuerpos parecen que de alguna forma se han adaptado a los rigores de todo cuanto ocurre ahí fuera. Hemos conseguido construir un hermoso palacio dentro de nosotros, y ahí habitamos con amor y cariño, cuidando y protegiendo sus valiosos tesoros. Por eso, lo externo, es casi secundario y poco significa excepto para dotar de escenario a todo cuanto vivimos ahí dentro.

No es la Naturaleza, sino el alma que la mueve lo que nos conmueve todos los días. Nostalgias inmemoriales de nomadismo brotan debilitando la esclavitud del hábito; de su sueño invernal despierta otra vez, feroz, la tensión salvaje, nos decía Jack London. Esa tensión existe de alguna manera, es un leve despertar hacia un ser humano diferente que nos conduce a un estado de gracia, a unos impulsos irresistibles de albergar una esperanza nueva, una llamada diferente dentro de nosotros. Miramos absortos el fuego que brota de la chimenea, pero también observamos como el ardiente fuego interior aviva nuestra necesidad de acometer este propósito de vida.

Un carácter ancestral, un prolongado aullido que va más allá de nosotros mismos nos anima a seguir penetrando ese alma universal. Es el canto salvaje del mundo primitivo que abraza nuestro interior más próximo. Es el canto de la manada que intuimos verdadero en nuestros paseos entre los valles y los invernales momentos de ternura junto al fuego. Algo despierta dentro de nosotros, algo que existe en la naturaleza y que la corriente de vida que nos atraviesa hace que fluya libre por el verdor y la frescura de la inmensa noche.

Cuando todas las mañanas nace el nuevo día, miramos el termómetro, y nos parece que todo está bien. La manada humana sigue fluyendo hacia los contornos de todas las cimas y nuestro ánimo sigue vivo y libre.

 

Anuncios

2 thoughts on “El alma que existe en la Naturaleza

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s