No abandones el Camino


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Estos días me he encontrado con algunas personas que coincidían en cierto desencanto hacia su propio camino, hacia sus propias creencias o formas de articular su vida hasta este momento. Esa desilusión a veces, con el paso del tiempo, se convierte en desengaño o profunda decepción si no es reflexionada con cierta quietud. Los caminos interiores tienen y sufren su propia experiencia gris, su propia larga noche oscura del alma. Es normal que a veces nos sintamos abatidos, deprimidos, apagados. Los ciclos naturales de la propia naturaleza nos dan pistas sobre nosotros mismos, sobre nuestros estados de ánimo. Sólo debemos comprender que la vida se compone de estaciones que cambian. No siempre podemos estar en un estado primaveral o veraniego. Debemos afrontar con diligencia los otoños y los oscuros y fríos inviernos de nuestras vidas. Esto incluye también nuestra disposición psicológica a afrontar debilidades, enfermedades, decaimientos del ánimo y de la esperanza futura. Debemos ser fuertes en todo momento, porque basta un pequeño descuido puede servir para perderlo todo.

A veces nos asaltan las dudas sobre todo cuanto habíamos creído o hecho hasta ese momento. Debemos estar vigilantes para saber si eso que nos causa fatiga y desazón es algo provisional o es un verdadero sentimiento de que algo no va bien. Hay muchas formas para identificar si lo que estamos sufriendo es algo temporal o proviene de una reconversión total de nuestra existencia. Debemos estar atentos para saber si lo que nos pasa es algo que nace para cambiar radicalmente nuestra existencia o simplemente es una pequeña depresión o cansancio por todo el trabajo acumulado.

Cuando conectamos con nuestro verdadero camino, con nuestro esencial propósito, la duda se disipa y renacemos a otra intención, a otra modalidad a la hora de ver y entender las cosas de la vida. Hay una sensación de libertad interior tras haber pasado por mil pruebas y mil tentaciones que ahondaban en la posibilidad de abandono. Pero llega un momento de no retorno, de plena convicción y fe ante el panorama que se presenta en nosotros. Y esa convicción debe ser refrendada constantemente para no perder el rumbo ni el norte de toda esa magnificencia interior. La entrega total a ese propósito debe causarnos una sensación de profunda felicidad. Esa es la señal inequívoca. Si hay tristeza o pesar hay algo que verdaderamente no estamos haciendo bien. A veces resulta recomendable, ante esa situación de pesadez, recalcular la ruta, revisar el mapa y comprobar el que no nos hayamos despistado en el camino. Pero nunca debemos abandonar. Siempre debemos continuar por la senda marcada de nuestras vidas. De no hacerlo, de renunciar definitivamente, puede causar daños irreparables.

No abandonemos nuestras metas, nuestros propósitos, nuestra misión. Sigamos adelante, con valentía. No tengamos miedo a las depresiones, las bajadas y subidas de todo camino, los errores o desilusiones de cada momento. Es normal que la vida nos llene de ese tipo de pruebas. Es normal que la libertad de estar haciendo aquello que sentimos tenga un elevado precio. Las luminarias nos vigilan y esperan lo mejor de nosotros. Los astros ascendidos desean ayudarnos en nuestra labor.

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