Seis meses de vida en los bosques


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Realmente el tiempo pasa rápido. Pensar que llevamos seis meses viviendo en una caravana es pensar que todo ha sido parecido a un sueño. Llevamos todo el verano, el otoño y ahora el duro invierno descubriendo y practicando la vida sencilla, espontanea, natural. Todos los días nos preguntamos porqué en la otra vida necesitábamos tantas y tantas cosas, tantos y tantos recursos, tanto y tanto lío para luego poder disfrutar quince o treinta días al año de la naturaleza o de los viajes. Aquí vivimos y tenemos nuestro ser en la misma naturaleza, y además, con la ventaja de estar en una especie de viaje contante por cientos de experiencias y situaciones. No buscamos peligros ni riesgos innecesarios, pero es cierto que la vida en esta montaña es una constante aventura.

Antes siempre sentíamos la necesidad de recomendar a todo el mundo que viajase a lugares especialmente pobres. Una vuelta por Etiopía en plena sequía puede ser bálsamo suficiente para revolucionar nuestra vida interior. Ahora pensamos que unos meses en una caravana perdida en los bosques también puede ser una experiencia recomendable, porque de alguna forma radical, este tipo de vida nos ofrece una visión diferente de la existencia.

El reto para muchos podría ser el cómo poder subsistir en un lugar así durante algún tiempo. Nosotros realmente lo hemos tenido fácil gracias a nuestros oficios que no requieren de grandes cosas. Pero puedo imaginar que cualquiera con un poco de ganas podría reinventarse y sobrevivir sin mayor dificultad. El bosque y las montañas guardan muchos secretos y tesoros que pueden ser aprovechados por el ser humano. Incluso en invierno, donde todo parece aletargado, se puede sacar un buen provecho de la vida.

Una de las reflexiones más profundas es sobre la alimentación. Realmente guardamos unos hábitos alimenticios exagerados. Comemos en exceso en nuestra civilización avanzada y luego eso repercute en enfermedades de todo tipo. Aquí en los bosques, a pesar de la intensa actividad del trabajo y la dureza de alguno de ellos, el hambre mengua, y la necesidad de comer se reduce a la mitad. Ocurre lo mismo con el vestido. Aquí no es necesario cambiar de modelito cada día para ir a la oficina y no parecer siempre el mismo. Los animales del bosque no se fijan en tus ropas, excepto si no reservas una oportuna higiene.

También uno se malacostumbra a la sencillez. La humildad de esta caravana es exagerada, pero no pensamos en algo mucho mayor para vivir con cierto desahogo. Tras las ventanas de la misma tenemos el bosque y las montañas, los pájaros y los cielos, y eso, es como tener una sensación de amplitud constante, como si nuestros corazones y nuestra visión se ampliaran ante tanta belleza continua. Una pequeña mesa donde escribir o leer y comer algo, una cama donde descansar y un pequeño armario para guardar cuatro prendas son suficientes para disponer de lo esencial. Si algún día renunciamos a esta sencillez será por disponer quizás de alguna ducha de agua caliente y un lavabo, pero no mucho más. Realmente el bosque retroalimenta nuestras necesidades más básicas y no echamos nada en falta.

La casa grande de piedra ha sufrido algunas mejoras, pero la habitamos poco. Quizás cuando vienen amigos o personas a pasar unos días con nosotros y hacemos allí las comidas y encuentros invernales. Al fin y al cabo sigue siendo una ruina con algún toque de humanidad, pero sigue sin ser habitable, excepto para coger agua de su pozo todas las mañanas y guardar allí las gallinas y sus huevos. Y el día que lo sea, será destinada al visitante y a la acogida. Nos seduce la idea de seguir en la caravana durante mucho más tiempo. Aquí todo es tan sencillo, tan cercano, tan próximo. Aquí se necesita tan poco para vivir…

En resumen, podríamos decir que estos seis meses han sido toda una experiencia. Ahora nos tocará renovar por dos años nuestro compromiso con la comunidad de O Couso. Si este compromiso es aceptado, nuestra responsabilidad será mayor y nuestro agradecimiento por esta oportunidad de vida única será una gran fortuna. Esperamos que los Ancianos y los Guardianes del lugar se sientan satisfechos por nuestro trabajo. Seguiremos siendo siervos respetuosos y protectores de este hermoso propósito si ese es su deseo.

 

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