Feliz Navidad y profundo silencio nuevo


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El ser humano inventó el ruido para distraer su espíritu. Es por ello que en fiestas especialmente profundas exista mucho más ruido. Hoy, por ejemplo, se debería estar celebrando en silencio, en profundo silencio, uno de los acontecimientos más importantes del año: el nacimiento de la luz en la cueva interior.

El silencio y la meditación son métodos espirituales para desenmascarar esos ruidos, esas falsas ilusiones que inventamos para estar lejos de nosotros mismos, lejos de nuestro propósito interior. Buena parte de nuestro tiempo, de nuestra vida, la derrochamos en todo tipo de falsedad. Seguramente muchos de nosotros estaremos pasando una noche en familia, distraídos viendo la televisión o celebrando algo del que hemos perdido la memoria de su significado. En vez de una noche de paz y amor, será una noche de ruido acompañada de una mesa cargada de manjares olvidando, en tan significado momento, a todos los que están padeciendo. Forma parte del ritual hipócrita de nuestra sociedad. Forma parte de nuestra propia cobardía y miedo a romper con ese ruido.

Vivimos en un mundo de brindis y humo, mucho humo. Es un campo de batalla yermo, donde no hay guerreros ni fortaleza, tan sólo el hollín derramado de nuestra cobardía. Estamos tan sujetos a nuestra obra que sería casi imposible derrotarla, vencerla, apartarla de nuestro camino. Es nuestro campo de seguridad, y el ruido ayuda a no pensar, a no meditar sobre el verdadero y genuino camino.

Por eso en estas fechas es importante apartarnos del ruido y acercarnos en alguna cueva oscura al susurro de nuestra alma, de nuestra búsqueda interior. Dejar que la luz nazca en nosotros, dejar que la fortaleza del silencio derrame en nuestras oquedades la suficiente sutileza para que movilice nuestras experiencias más emotivas. Necesitamos sentir y experimentar la cercanía con nuestro verdadero ser para emprender una nueva senda, una nueva vida, un nuevo formato auténtico, alejado de lo ilusorio y de la ficción que nos hemos montado. Seguramente muchos ya estamos empachados y pensamos en qué hacer, cómo hacer para acallar tanto ruido, para derrotar lo ilusorio.

La Navidad, el rito que representa, sólo quiere indicarnos vagamente la necesidad de que esa luz nazca, de que brille en nuestro interior esa estrella de cinco puntas que nos hará cada día más libres, más humanos, más fraternales y compasivos. Ese nacimiento requiere de sencillez, de memoria sobre los ancestros que sacrificaron su vida para mejorar las nuestras, requiere reconocimiento y una humilde inclinación hacia la vida que brota.

La tarea del silencio, del meditador, es la de limpieza exterior e interior. Una bondadosa muestra de que todas aquellas aristas que nublan nuestra visión requieren ser pulidas. Voluntad e inteligencia, como aquel martillo que golpea al cincel. El primero cargado de fuerza, el segundo dotado de lucidez para crear belleza, amor, armonía y dirigir esa fuerza a nobles causas. Y todo, en su conjunto, para crear una acogida necesaria. Una amable y calurosa hospitalidad hacia nosotros mismos y hacia el otro, parte fundamental de nuestro camino. Una acogida a la luz solar que debe nacer en nuestro interior, como ese mensaje oculto que hay tras la Navidad. Un mensaje de acogida de la luz de los dioses, de la sabia voluntad de la consciencia superior hacia el mundo oscuro, casi diría que cavernícola del mundo de los humanos. Ese sagrado mensaje, perdido debido al exceso de ruidos e ilusiones, está necesitado de regeneración. Así que, feliz Navidad, y profundo silencio nuevo.

(Foto: Nuestra tradicional cena de Nochebuena, un plátano y un trozo de ley sagrada para acompañar la oración en silencio. Este año especialmente genuina al celebrarlo rodeados de montañas y bosques en un paraje alejado del mundo mentiroso).

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4 thoughts on “Feliz Navidad y profundo silencio nuevo

  1. No puedo estar más de acuerdo contigo. ¡Hace tanto tiempo que me disgusta esta ridícula forma de celebrar la Navidad! El hijo de un carpintero viene a nacer en un pesebre y nosotros lo celebramos atrancandonos de comida y viendo la tele. ¡Cabe más disparate! Esta vez la enfermedad me ha permitido una noche buena tranquila, con una cena frugal y mi perrito. Convencí a mi familia para que me dejaran en “La Paz del Señor”, y gracias a Dios lo entendieron. Gracias por vuestro testimonio vital y mis mejores deseos. Carmen

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  2. Mi visión de cómo proliferó la vida en este planeta se limita a la explicación científica porque mi razón y sentido común así me lo piden. Entonces, no considero ninguna intervención divina o superior.
    Cuando mi hija de 8 años me pregunta sobre la navidad y su significado me cuesta bastante contestarle ya que la festividad está, evidentemente, unida a la religión. Bien, pues esta entrada me da algunos argumentos para responder a esas preguntas sin tener que limitarme a la frialdad deshumanizada de la pura ciencia (que a veces, reconozco, da un poco de miedo). Gracias.

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