Hacia la poderosa luz solsticial


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Hoy es un día especial para la meditación y la interiorización, para dejar que el alma se exprese desde sus moradas y de paso nos ayude a entender el misterio de la creación, de la vida, de la consciencia. El sol solsticial coincide con la necesidad de encender el fuego interior, la llama de la reflexión, de la lucidez, y de paso poder emprender el camino hacia una octava superior. Ese esfuerzo, ese afán de comprensión puede venir impulsado por ese fuego, el fuego sagrado de los dioses.

Algunos piensan que tenemos un alma como consecuencia de la unión del espíritu con la materia. Otros van más allá y hablan de tres almas, una que nos da Vida, otra que nos da Consciencia y otra alma que nos Crea y cocrea. Los seres humanos solemos identificarnos no con el alma, ni siquiera con sus tres aspectos de vida, consciencia o creación, sino con el resultado de todo eso, con la personalidad y sus apetitos.

Hay toda una ciencia escrita y revelada que nos acerca a los detalles, a las formas de acercarnos a esa triple llama o alejarnos buscando el apacible consuelo de los apetitos. “Los cuatro rostros del absoluto” nos enseña como debemos orientar nuestras existencias para favorecer el ascenso hacia la vida, la consciencia y la creación. Hay personas que buscan los apacibles vientos del sur, donde el calor y el sol estimulan los aspectos más excitantes de la personalidad. Allí se encuentran estímulos que atan la conciencia a los apetitos carnales, a los apremios de la materia, a la necesidad de girar el rostro hacia la consecución y estimulación de los órganos sensoriales.

Otros seres buscan la orientación de los vientos del norte, donde el frío estimula necesariamente el retiro interior y el trabajo con la luz, con la consciencia, con la vida y la propia creación. Cuando los místicos se alejan a las frías montañas ese acto tiene un sentido oculto. Allí el estímulo sensorial se reduce y se abren de forma certera los canales que permiten el contacto con la naturaleza interior. La falta de sol posibilita un trabajo más consciente sobre la necesidad de buscar y encender el sol interior. La lluvia adormece la necesidad de frecuentar las cavernas de lo irracional y de la avidez sensorial al mismo tiempo que nos empuja a trabajar en los planos de la consciencia activa.

La búsqueda de la fría montaña o por contraposición la del cálido mar sólo es una muestra anecdótica de nuestro propio enfoque interior. Las enseñanzas y las consiguientes disciplinas para poder alinear la intuición hacia el trabajo profundo necesitarán algo más que orientación. ¿Para qué sino la naturaleza nos ha dotado de consciencia y de poder creador? El sentido de todo ello sólo puede responder a esa necesidad de búsqueda y hallazgo tras la inevitable práctica de hollar los senderos. Mientras estamos distraídos en los estímulos y los apetitos de la carne, sean los que sean, el trabajo para el que hemos venido como seres conscientes se vuelve arduo y farragoso. La propia ilusión de teorizar sobre los caminos sin practicar los caminos es una trampa para la propia alma. Sin embargo, la ejecución de un solo paso atrevido, sea o no sea certero, ya es prueba suficiente de esa fe que nos llevará inevitablemente hacia cuotas de libertad y vida inimaginables. Meditación consciente, estudio lúcido y servicio amoroso son pequeños pasos que nos llevarán a la profundidad del ser verdadero. Feliz solsticio de invierno, feliz llama interior.

(Foto: Luz solsticial esta mañana en las frías montañas de O Couso).

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