El miedo al extraño


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“Dios no creó el mal. El mal es el resultado de la ausencia de Dios en el corazón de los seres humanos”. Einstein

No siempre tenemos absoluto control sobre todas las fuerzas que operan a nuestro alrededor. Vivimos en un mundo de incertidumbre aún cuando pensamos erróneamente que tenemos cierto control sobre el mismo. Vivimos en una constante iniciación a la realidad envolvente. Pensamos que todo está bien, que todo parece normal y que la vida transcurre por el derrotero que hemos trazado. Pero nada de lo que pensamos, sentimos o experimentamos tiene que ver con la realidad.

Hoy en el pueblo nos daban un repaso sobre toda la rumorología que ha nacido en torno nuestro. Es divertido ver como los vecinos inventan historias a cual más extraordinaria y rocambolesca para intentar comprender o describir la vida errante de estos extraños que han venido a vivir a unas caravanas. El miedo siempre nos confunde y aturde, y bajo ese prisma de oscuridad intentamos describir aquello que nos resulta extraño, marcando siempre con un estigma aquello que nos separa del otro.

A veces resulta cansado sentirte extranjero en todas las tierras. Cuando me nacieron en Barcelona, y a pesar de vivir allí casi toda mi vida, siempre me tacharon de extranjero. Cuando descubrí mi anormal condición de no natural, marché a la tierra de mis antepasados y allí también fui un extraño, un extranjero, un apátrida. Ocurrió lo mismo en otros países, en otras tierras. Siempre fui un forastero, un sin tierra, un desarraigado.

Mientras hoy escuchaba toda la lista de conjeturas y divagaciones sobre nosotros, a cual más sorprendente, sentía cierta tristeza interior, cierta desconexión con una realidad que a veces evitamos por pura supervivencia psicológica y otras intentamos paliar con dosis de buen humor y alegría. Pero hoy era especialmente triste sentir esa impotencia de no poder abrazar al otro, mirarle a los ojos y exorcizarle de todos sus miedos y fantasías.

Es cierto que tenemos nuestras rarezas, pero somos tan inofensivos que nos duele hacerle daño a una mosca. ¿Por qué entonces tenernos miedo? ¿Por qué entonces inventar historias retorcidas que escapan incluso a nuestra más oscura imaginación? Como decía es algo que ya no me extraña. Pero sí produce un cierto resquemor sobre la condición humana, un cierto ápice humano de sensiblera angustia.

Y me gusta compartirlo para que seamos conscientes de que ese otro extraño, divergente, diferente al que siempre evitamos no es jamás ni mejor ni peor que nosotros. Sólo carecemos de algunos datos para darnos cuenta de su humanidad, de su belleza interior, de su luz.

Tras las gruesas murallas de la incertidumbre y la ignorancia siempre hay un resquicio de esperanza. Nuestra entrega, nuestras renuncias, van encaminadas a conquistar los valores que nos unen. No podremos controlar todo lo que ocurre allá fuera, en las cavernas del miedo hacia lo extraño. Pero nos esforzaremos por ser dóciles y amables incluso con las fieras del camino.

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