La dureza también es bella


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Aquí en O Couso todo parece complejo, sin embargo, hacemos que las dificultades se vuelvan simples, llevaderas, amables. El secreto creemos que es la alegría con la que vivimos toda dificultad. La dureza del frío, de la lluvia, del barro, de las duras condiciones de vivir en mitad del bosque casi sin recursos podría dinamitar el ánimo de cualquiera. Pero aquí parece como si siempre fuera primavera. Estamos alegres, sonrientes, vemos las dificultades como retos, o como experiencias que nos hacen fuertes y templados.

Miramos como el paisaje se transforma y nos quedamos maravillados por tanta belleza, incluso ahora que en otoño los árboles se desnudan poco a poco de su verde follaje y los campos empiezan a tener tonos ocre que los hace profundamente hermosos. El frío y la humedad están llegando poco a poco pero de momento todo es llevadero.

A veces la dureza hace que la disciplina sea cada vez más flexible, que los horarios tiendan a moldearse al tiempo y que nosotros, simples participantes del ciclo maravilloso seamos como marionetas que se amoldan a toda circunstancia.

El perrito Geo ya está enorme y la gata Gaia gusta de pasar más horas en la caravana, junto al fuego de la estufa. Todo este tiempo es perfecto para recogernos, para dedicar más horas a la lectura, al estudio, a la reflexión, algo difícil cuando vives en la ciudad o cuando el buen tiempo te invita al inevitable paseo. Aquí los estímulos son diferentes. No nacen para distraernos, sino para vivenciar un contacto más directo con la esencia de la vida. No tenemos que trabajar como esclavos durante muchas horas para luego acordarnos de que no hemos vivido. Aquí el trabajo forma parte de la vida, del gozo y la alegría. Nada resulta pesado, aunque la dureza del mismo se duplique. No importa la actividad que hagamos ni las horas que le dediquemos, nada de lo que aquí se hace es un suplicio. Eso nos da una visión diferente del trabajo. Nos hace pensar que algo que para muchos puede resultar esclavizante aquí es liberador.

Las gallinas han duplicado la producción de huevos. Han pasado de tres a seis huevos diarios. Esta mañana el perro Geo se había zampado toda la reserva de huevos, lo cual ha sido casi un alivio porque ya no sabíamos que hacer con tantos huevos. Las tres cobayas aún sobreviven a pesar del frío y cuando por las mañanas soltamos a las gallinas para que correteen por toda la finca las tres corren hacia el maíz para meterse un buen desayuno.

Cuando la casa de acogida esté terminada y podamos dedicar más tiempo a crear un hermoso jardín en estas casi cuatro hectáreas será muy hermoso e inspirador poder pasear por estos lugares. Aún falta mucho por hacer, pero no tenemos prisa. A veces nos visita mucha gente que se atreve a practicar mil oficios que desconoce. En algunas ocasiones tenemos que volver a replantear el trabajo consumido porque dada nuestra inexperiencia hay cosas que no quedan lo mejor que podrían quedar. Pero no importa, volvemos a empezar con buen humor porque lo importante es que de cada actividad y trabajo aprendamos algo. Trabajar desde cierta consciencia tiene su magia.

Aunque ahora en invierno tan sólo somos una media de cuatro personas, no deja de llegar gente a pasar unos días o simplemente para ver como andan los “chicos” aquí en los bosques. Siempre estamos agradecidos por estas visitas que son como ánimo cargado de entusiasmo. Así que gracias por venir a vuestra casa. Aquí tenéis a vuestra familia y amigos, a pesar de la dureza, que también es bella.

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