Cuando seas una llama


a

La maestría que caracterizaba a aquellos que habían emprendido el camino del Arte consistía en arder como una llama dulce y lenta. Siempre deseamos responder a la idea de personas rectas, como esas escuadras que se situaban estratégicamente en la construcción de cualquier edificio. Una escuadra bien alineada procura la construcción de un edificio con gran solidez y fuerza. La virtud humana es esa escuadra, ese temple que hace que nuestro edificio interior se fortalezca ante cualquier intemperie o circunstancia. Además, nace en esa maestría, en ese arte, el deseo de ser creativos, de ser creadores. Por eso se dice que nos convertimos en seguidores del Arte Real, es decir, del poder creador que la propia creación nos ha dotado.

Buceando en esa rectitud, en la experiencia de esa plenitud, acudimos al afán de poner nuestro trabajo artístico y vital en relación con el cosmos, es decir, de alguna manera sentimos el deseo de explorar las leyes de la naturaleza para traerlas y experimentarlas en la propia existencia terrenal. Ese afán nos conduce a avivar la llama interior, la tenue luz que desea iluminar ese camino. De alguna forma nos convertimos en llamas portadoras de ese conocimiento y ese poder creador.

Un símbolo, para serlo de verdad, debe operar en siete niveles. El ser humano, para ser completo, debe tener la capacidad de poder operar en siete dimensiones. Ocuparse pragmáticamente del mundo material, adecuando lo mejor para soportar una existencia equilibrada. Respirar adecuadamente la vida, sentirla en cada poro como ese algo etérico que todo lo engloba, como esa akashya invisible pero real. Utilizar la fuerza y el balance de las emociones positivas para mover hacia buenos objetivos todo aquello que merece la pena. Investigar desde los planos mentales cuales son los mapas más adecuados para la construcción de un buen edificio. Y luego utilizar el sagrado triple fuego de la Voluntad, el Amor y la Sabiduría para reconducir toda la vida hacia el bien común. Ahí está la labor de nuestra llama.

Hay mucha gente que limita su vida al primer aspecto de la existencia, el material, obviando todas las demás dimensiones del ser. Nos pasamos toda la vida preocupados por el qué comeremos, el qué vestiremos o donde habitaremos sin pensar por un momento en todo lo demás. En cierta medida eso produce un fecundo vacío que va minando nuestras fuerzas vitales, nuestras emociones, nuestros pensamientos e inclusive nuestra propia alma, la cual, triste y melancólica, se aleja de nosotros hacia lugares lejanos.

De ahí la necesidad de encender la llama interior. Esa llama produce luz, lucidez, claridad suficiente para poder divisar más allá de los aspectos materiales un mundo inmenso de creación y arte. También calor y amor. Por eso, cuando seamos llamas, seremos seres completos, capaces de cocrear y compartir, de portar luz y alegría al mundo. Cuando seamos llamas, nuestra misión será la de ofrecer al mundo un mensaje optimista y alentador. Seremos, inevitablemente, transmisores de conocimiento, de lucidez, de paz y dicha.

(Foto: © Michael Yamashita)

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s