Los Portales, treinta años de esfuerzo y compromiso


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Hicimos un hermoso y tranquilo viaje desde Galicia a Madrid y de allí a Córdoba. Pasamos la noche tras un día largo de coche. Tuvimos las llamadas de dos amigos cuyos padres habían fallecido. Así que inevitablemente durante el viaje una reflexión profunda sobre la muerte nos acompañó. La muerte como momento de cambio y transformación, pero también de regeneración de lo viejo por lo nuevo, de oportunidad para que el ciclo de la vida continúe irremediablemente. La muerte como un portal que se abre mientras otro se cierra.

Por la mañana habíamos quedado con un fraile que nos hablaba de impermanencia y advaita. Su rostro era más parecido al de un sufí mozárabe que al de un entregado a la iglesia católica. La “entera” con tomate que tomamos junto a las murallas cordobesas nos supo a poco. Seguimos la marcha atravesando casi toda Sierra Morena hasta que nos adentramos en la Sierra Norte de Sevilla. Allí la Comunidad Los Portales iba a celebrar sus treinta años de existencia y nos habían invitado para poder participar de esa hermosa celebración en un extraordinario paraje natural, una enorme finca rodeada de montañas y valles que daba al sitio una majestuosidad inesperada.

Treinta años dan para mucho. Allí estaban todos condensados. Un trozo de utopía hecho realidad con el esfuerzo de tres generaciones. Treinta años de osadías, de promesas, de ilusiones, de sueños, de muchos sueños. Resulta difícil explicar y condensar tanta historia y tantas historias en un espacio tan breve. Pero ellos lo hicieron de la forma que mejor lo saben hacer: dejándonos soñar.

Cerramos los ojos y cuando los abrimos estábamos rodeados de gente que cantaba y relataba con cierta emoción toda la historia. Asistimos a la sala donde explicaron las anécdotas de la construcción de los edificios, de cómo aquellos belgas iniciaron una aventura asombrosa que cambiaría sus vidas para siempre. Algunos pioneros estaban allí treinta años después, mezclando francés y castellano y sonrisas inextinguibles. Volvimos a cerrar los ojos y nos enseñaron como hacían con la agricultura, como mejoraban la energía, como se danzaba en los sueños para desde una posición junguiana dilucidar un marco terapéutico individual y comunal. Como ellos mismos explican, en la tribu Senoi, el hecho de contar sus sueños al grupo, crea un marco seguro en el que cada uno puede mostrarse en su totalidad, tal como realmente es, sin recibir de los demás más que respeto, empatía y apoyo.

Así lo hicieron en esa entrañable noche. Así nos lo hicieron saber y así lo demostraron. Pudimos disfrutar de unas bellísimas canciones que interpretaron emocionados expresando todas aquellas angustias y alegrías que durante treinta años habían padecido, pero también la hermosa y profunda sensación de que a pesar de todo, había merecido la pena.

Nos dimos cuenta de que la construcción de un nuevo proyecto comunitario, de un portal que intente ampliar la consciencia del conjunto humano, no es una tarea nada fácil. Tomamos consciencia de lo complejo que resulta todo, no tan sólo en los aspectos materiales y económicos, también en los aspectos humanos y relacionales. Siempre faltan manos, siempre faltan estímulos, siempre faltan corazones. Una magna tarea se abre por delante y un gran portal nos espera para continuar, agradecidos por el tesón y el trabajo que se está realizando en Los Portales. Gracias con cariño a todos por vuestro esfuerzo y compromiso. Los Portales continua su labor. Ojalá ayude a muchos a entrever la promesa del nuevo día.

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