Tras el velo de Isis


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Selene, la diosa de la Luna, adormeció enamorada al pastorcillo Endimión para gozar de él en sueños. Esta alegoría que nace del mito nos aproxima a una realidad mistérica que tiene que ver con el avance de nuestro ser en la vida ordinaria. Con esa necesidad de vivir más cercanos al mundo real que nace de aquello que nos inspiró la vida.

En muchas ocasiones vivimos sedados por un contexto que no sentimos, pero que palpita, a cual hipnosis, en nuestro devenir. Selene, la diosa lunar, pidió al dios Hipnos que durmiera al pastorcillo. Así ocurre en nuestras vidas, por eso es difícil desembarazarse de la diosa Selene, de todo aquello que de forma ilusoria nos adormece y nos aleja de nuestro destino. Muchas veces esta diosa se muestra en forma de seguridad, de trabajo, de bienestar, de pareja, de cualquier tipo de cosa que nos sujeta a una realidad cómoda. Ignoramos que la Isis desnuda nos espera para dotarnos de la visión necesaria y traspasar todos los velos que nos aproxime al camino realmente elegido. Ignoramos que la senda del héroe, que no es otra que nuestro propio camino cuando lo emprendemos con valentía y decisión, nos aguarda cueste lo que cueste.

Existe una materia oscura en nuestras vidas difícil de ver, más aún incomprensible al entendimiento intelectual o filosófico. Sin embargo, actúa de manera eficaz. Es como una sombra que nos han inyectado y que adormece a nuestro verdadero ser. Como si un doble que no fuéramos nosotros interpretara una vida que no nos pertenece. Pero cuando despertamos lejos de ese dormitar lunático, cuando nos desprendemos de ese pesar, de ese camino oscuro, contemplamos ese halo de luz que era representado antiguamente por la diosa Isis. La materia blanca se nos presenta como un camino auténtico y dejamos de habitar en la tierra de los durmientes. La diosa lunar, Selene, nos esclaviza, por ello debemos elegir si ser pastores como Endimión y dormir a los pies de Selene o despertar próximos de la madre Isis, la luz solar, el soplo de vida.

El que despierta más allá del velo que nos separa de Isis debe permanecer atento y vigilante incluso durante el sueño normal. El despierto tiene como función librarse de la influencia de la luna negra y no recaer en la adormidera de los durmientes. Todo aquello que nos aleja de nuestro propósito, de nuestro latir interior, todo aquello que retrasa nuestro caminar debe ser abandonado. Aquí entra en juego un tremendo laberinto de difícil interpretación. El maya, la ilusión de estar en lo correcto será poderoso y desearemos dormir por toda la eternidad para no molestar a Selene.

No es cómodo caminar hacia nosotros mismos. No resulta siempre fácil entender aquello que palpita dentro de nuestra espiral de vida. Hay señales, pequeñas percepciones que a veces nos avisan de cual es la senda.

Existe una especie de extramundo, un lugar remoto, un páramo en tinieblas donde el Espíritu se halla extrañamente humillado y solitario. Allí tenemos la oportunidad de despertar del sueño. Allí podemos enfrentarnos al camino que conduce a nuestra liberación interior. Sólo debemos aprovechar la oportunidad de poder divisar ese lugar y sembrar en él la semilla del cambio. Eso es lo único que permanece y eso es lo único que nos hará despertar hacia la vida nueva.

 

 

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