¿Por qué te quieres suicidar?


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Supongo que todos, o la mayoría, hemos considerado alguna vez el poder esfumarnos, desaparecer, evaporarnos de la vida, alejarnos de ella y dormir el sueño eterno para siempre. Los momentos de grandes crisis personales, ya sea por traumas irreconciliables de la infancia, por pérdidas irrecuperables, por rupturas de todo tipo o por momentos francamente terribles han hecho buscar de forma desesperada ese flechazo hacia la muerte.

Los más valientes lo han incluso intentado, a veces con más o menos éxito. Otros sólo soñaron con la intentiva, viendo en esa posibilidad una solución a todos los problemas. Los hay que se suicidan en módicos plazos, como aquellos que fuman o beben creyendo vagamente que la vida es eterna y que los tumores y los cánceres de turno no va con ellos. Es una forma de suicidio colectivo inconsciente, porque la mayoría abusamos en nuestras vidas de algo que de alguna forma sabemos que nos daña. ¡Somos tan inocentes e ingenuos!

Pero cuando alguien llega muy seriamente a tu vida y te plantea la posibilidad del suicidio es difícil enfrentarte a la responsabilidad de convertirte en un salvavidas, en su última tabla de náufrago o en la desesperada esperanza que en un momento de lucidez nace como solución. Me ha pasado más de una vez el tener que enfrentarme a situaciones de este tipo. Normalmente con adolescentes que veían en mi persona algún tipo de locura inquietante que podría distraer sus ganas y necesidad de ir al otro barrio. Os aseguro que cuando veo el panorama una cierta necesidad de enfundarme el traje de faena surge en mí, pero también de responsabilidad dura, muy dura.

Cada caso es único e irrepetible aunque en la adolescencia, en ese proceso de duelo que todos tenemos que pasar para “matar a papá y mamá” y encontrar por fin nuestra identidad psicológica, es donde mayores casos he encontrado. Muchos no quieren enfrentarse a esa ruptura, a veces por problemas de emancipación económica, otras por abusos de todo tipo, otras por dependencias emocionales irrenunciables. Hay cientos de casos donde el vínculo ancestral se pierde y nos pierde, inutilizando la posibilidad de reencontrarnos con nuestro verdadero yo, con nuestra verdadera identidad, con nuestro verdadero propósito existencial. Entonces acudimos a la macabra solución del suicidio.

Hay otro tipo de suicidios, como aquellos que nacen de la posición filosófica de la eutanasia. Esta es una inmolación consciente y razonada, quizás alejada de esa adolescente desesperación. No vamos a entrar en ella porque partimos a otro debate. Pero es buena tenerla presente y separarla del resto, ahora que está tan de moda por el caso de Brittany Maynard, esa hermosa norteamericana que se marchó recientemente.

¿Por qué te quieres suicidar? Preguntaba estos días a una persona que había intentado hacerlo sin mucho éxito pero que de nuevo le acechaba la tentativa. La respuesta siempre es compleja porque parte de una pérdida de sentido vital. No encontrar sentido a la vida, ningún tipo de sentido, por muy minúsculo que sea, es detonante suficiente para la huida desesperada. Morir, o dejarse morir, como solución final.

Una de las reflexiones más apasionantes de la vida es que cada segundo que pasa resta en la cuenta. Es decir, nos abocamos irremediablemente hacia el final. La muerte, aunque no seamos conscientes de ello, es algo irremediable que nos aguarda paciente. De alguna forma nuestros cuerpos se suicidan de forma programada, cíclica. Es una especie de mecanismo higiénico que permite que la vida siempre sea saludable, renovada, evolutiva. ¿Para qué entonces adelantar ese proceso? Cuando alguien se acerca con esa innecesaria carga de pesimismo interior intento inyectarle dosis de vitalismo. Es un proceso complejo pero a veces resulta efectivo. La vitalidad no es un sistema filosófico, es algo que debe ser inyectado en vena, que debe partir de un requisito previo: la experimentación. Y uno sólo puede reencontrarse con la vida cuando la vive, cuando la abraza, cuando cada experiencia resulta diferente y emotiva.

Es cierto que la vida es compleja. Pero también es cierto que merece ser vivida. Si te estás planteando quitarte de en medio, antes de hacerlo date una vuelta por el mundo. Si es por desamor enamórate, si es por pérdida material abandona incluso tus vestiduras y camina desnudo. Si es por enfermedad, abraza sus enseñanzas y compártales con el otro que las pueda necesitar. Experimenta con la salud y sánate a cual Lázaro que se levanta de su tumba. Ahí nos queda siempre la esperanza, la vida, el amor, el abrazo inmortal del espíritu para reencontrarnos con algún sentido vital. La existencia es amplia y la muerte sólo un ápice de experiencia. ¿Para qué adelantar su llegada?

(Foto: © Josh Separzadeh)

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3 thoughts on “¿Por qué te quieres suicidar?

  1. Comparto tus palabras, pero me asalta la duda de aquellos que, conscientes de todo lo expuesto llegan cansados, vividos, agotados a un momento de sus vidas carentes de esa fuerza vital por desgaste. Por mi trabajo he visto miradas de súplica. El dolor físico o emocional puede ser tan trágico como lo pueda parecer la muerte.
    Creo en la vida por encima de todo, pero también en la disponibilidad de cada uno de nosotros de disponer de ella. Pues, si de algo somos dueños desde que nacemos es de nuestra propia vida.
    Elegir continuar o no entre nosotros, en plenas facultades psíquicas tras meditada conclusión, lo denominaría un pequeño atajo hacia la luz.
    Quizá el sufrimiento añadido de aquellos que mueren lentamente sea necesario, otra etapa más de aprendizaje; aun así…

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  2. Recuerdo que mi compañera un día me dijo: nunca preguntes a un suicida por qué se quiere suicidar. Lo que ahora no recuerdo es la explicación que me dio, pero si el por qué de su advertencia. Su médico, amigo y colega, después de operarla la puso al lado de una mujer que se había tirado desde un puente, con la mala fortuna de salir con vida, pero rota por todos lados. Lo hizo para que le hiciera terapia y ver si averiguaba el por qué, ya que la mujer se negó a explicarlo a los sicólogos. Estuvo mucho tiempo ingresada, igual que mi compañera, y al final se lo contó. Cuando salió del hospital me dijo que la chica volvería a intentarlo, esta vez con éxito porque ya sabía cómo hacerlo.
    No recuerdo haberle preguntado el por qué.

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