Cuando los sueños traspasan la brecha de la realidad


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La brecha que separa un sueño de una realidad tangible puede ser imposible, abismal o palpable. Nunca sabemos qué es aquello que hace que un sueño se vuelva realidad. Mi experiencia apunta que la intención enfocada desde la sinceridad y la insistencia son fuerzas casi indestructibles. Cuando hoy una editorial me enseñaba la portada y la tripa de un libro de mi autoría que pronto será editado pensé que algo diferente había ocurrido. Siempre quise ser escritor y para serlo necesitas a alguien que te reconozca como tal. Al menos a alguien que te lea, que sienta cierta atracción hacia lo leído y que apueste por esa obrita. Para mí escribir no es más que un medio para compartir, y de alguna forma el poder compartir algo bonito y hermoso que haga feliz a los demás o que les inspire algo siempre fue mi motivación.

La profesión de editor me había puesto en el otro lado. Soy yo el que lee y el que apuesta por unos y por otros. A veces encuentro mucha gratitud y humildad en el otro y otras sólo soberbia y orgullo. Ahora que tengo la oportunidad de ser tan sólo un humilde escritor porque alguien se atreve a reconocer esa valía, desearía ser de los primeros, es decir, agradecido y humilde.

Recuerdo que de pequeño, cuando leía las primeras obras de Julio Verne, ya soñaba con estar en alguna parte del mundo escribiendo y compartiendo aventuras e impresiones. Siempre soñé con eso. Dediqué muchas horas, muchos días y mucho mundo a intentar enfocar la escritura desde la sinceridad de corazón y la insistencia pertinaz. Y ahora veo como ese sueño noble se hace realidad, y además, con un libro que habla sobre la impermanencia del camino de la vida.

De aquello que hace veinte años parecía imposible y que hace diez años se volvió abismal ahora resulta que es palpable. Así que suspiro con calma, con cierta tranquilidad interior al comprobar que la vida aún guarda ese regazo de magia, ese instante de plenitud. Sin embargo, la satisfacción ahora es diferente. Sí, ya sabemos por experiencia que algunos sueños, los que de verdad nacen del corazón, se pueden alcanzar. Pero lo hermoso es cuando esos sueños nacen para ser compartidos. Ahí la grandeza de lo que ocurre es milagrosa.

Siendo así, pronto podré compartir con vosotros un libro titulado “Practica los Caminos”. Es algo que nació hace un año y que ahora ve la luz ahondando en la impermanencia de todo lo que existe, inclusive nosotros, nuestros anhelos y nuestras realidades. Algo que quiero compartir desde la alegría de poder sentirme humilde y agradecido, formalmente sumido en un sueño palpable y expresamente inmerso en la vida compartida. Deseo practicar los caminos con todos vosotros, seáis quién seáis, hagáis lo que hagáis y penséis lo que penséis. Siento esa necesidad de fundirme en la unidad que nos une y de paso, disfrutar del otro y de lo otro formando parte del ritmo cardinal del mundo.

En fin, que estoy cargado de agradecimiento y sólo quería compartir esta alegría. Aunque sea a trompicones, con esas ganas de seguir contando cosas que pasan y cosas que ocurren, aquí, ahora, mientras respiras estas letras, en la intimidad de tu silencio, mientras me imaginas en esta caravana que sobrevive en la noche oscura rodeados de bosques y montañas y yo te imagino sonriente y cómplice en cualquier lugar del planeta. En ese hilo conductor nos encontramos. En ese milagroso hacer nos envolvemos y somos Uno. Es tiempo de soñar.

(Foto: © Marcy Cicchino)

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