¿Cuándo alcanzamos la cumbre de nuestras vidas?


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El pie del niño aún no sabe que es pie, y quiere ser mariposa o manzana. Pero luego los vidrios y las piedras, las calles, las escaleras, y los caminos de la tierra dura van enseñando al pie que no puede volar, que no puede ser fruto redondo en una rama.
El pie del niño entonces fue derrotado, cayó en la batalla, fue prisionero, condenado a vivir en un zapato“. (Pablo Neruda)

Necesariamente nos empujan a crecer, a ser lo mejores, a tener un buen trabajo, una buena casa, a que el éxito se mantenga en todas las circunstancias de nuestras vidas. Como en el poema de Neruda, hacen de nuestro pie algo enclaustrado en un zapato. Nadie quiere enseñarnos a ser libres, a andar descalzos, a dejar que el pie se convierta en una mariposa o en un bello atardecer rodeado de prados y montañas. A nadie le interesa llegar a la conclusión de que teniendo poco se gana mucho.

Recuerdo cuando compré mi primer pisito, y luego una casa más grande. Los vecinos paseaban alrededor de aquellos adosados aspirando a tener uno algún día mientras presumía de rosales. Tendremos nuestro adosado y así podremos sembrar algún rosal, pensamos. Pero cuando llega el adosado resulta que aspiras a una casa mayor porque el jardín y el rosal se quedaron pequeños. En el trabajo aspiramos a lo mismo. Ganar más, ser jefes algún día porque si lo somos podremos plantar en nuestra casa muchos rosales. Luego todo se derrumba cuando tras trabajar durante décadas nos damos cuenta de que queda poco para morir y que ninguno de esos rosales ni adosados ni casas maravillosas podrán acompañarnos. Cuando decidí perder mi bonita casa de diseño entendí algo. Sus grandes ventanales y sus vistas majestuosas realmente enclaustraban al pie en el zapato.

Olvidamos que es el olor de la rosa lo que permanece. Olvidamos que es trabajar para el bien común lo que nos engrandece. Relegamos lo importante porque nadie nos explicó qué era lo importante. Confinamos la felicidad en cápsulas de vanguardia para ir tirando sobre la creencia de que lo último y lo nuevo nos hará mejores y más plenos. Vivimos en un engaño del que no queremos despertar. Se está tan bien en el ensueño.

Luego, a veces cuando ya es demasiado tarde, descubrimos cual es el verdadero sentido de la vida. Pude verlo en aquellas lágrimas de un amigo que lo ha tenido todo en este planeta, cosas que ni siquiera mil personas como nosotros podría llegar a tener o vivir en diez vidas. Pude ver como esas lágrimas sinceras que brotaban de un alma dolida demandaban algo más, un esfuerzo mayor para entender donde se haya la verdadera felicidad. Había algo de dolor en ellas, una especie de desgarre por sentirse preso de sus propias circunstancias.

Estos días de buen tiempo paseamos por los prados y bosques. Cuando regresamos a nuestra caravana de diez metros cuadrados nos alegra el pensar que ya no necesitamos más. Que ya tuvimos nuestro pisito, nuestro adosado, nuestros rosales en la casa aislada con maravillosas vistas junto al bosque, nuestros buenos trabajos y buenos coches. Nos alegra y nos alivia pensar que eso quedó atrás, y que cuando mueres a eso, naces a una especie de paraíso donde lo único que se necesita es sonreír todas las mañanas sean cuales sean las circunstancias.

De alguna forma intuimos que hemos alcanzado cierta cumbre. La despreocupación sobre qué comeremos o qué vestiremos mañana nos deja tiempo para maravillarnos de la vida que recorre cada instante, cada hebra de hierba, cada rama de árbol y cada paisaje majestuoso cargado de atardeceres infinitos. Ese despertar a esta llama de emoción tiene que ver también con la necesidad de compartir todo esto y de activar en el otro esa necesidad de volver a la vida sencilla, a la aspiración pura, al manso recodo donde todas las fuentes confluyen para terminar en el océano que nos espera. Tenemos la necesidad de abrazar al visitante para que su visión comprenda que el olor de la rosa puede estar en cualquier lugar y que los pies de Neruda pueden viajar peregrinos hacia ese lugar que nos espera siendo mariposa o manzana. No esperemos a un cáncer, a un accidente, incluso a la muerte misma para entender esto. Aprovechemos esta oportunidad vacilante para despertar a la verdadera cumbre de nuestras vidas.

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4 thoughts on “¿Cuándo alcanzamos la cumbre de nuestras vidas?

  1. Querido Javier, siendo verdad todo lo que dices, en esta ocasión lo que me nace recomendarte es humildad, ser honestos con nosotros mismos e ir haciendo en cada momento lo que nos exige nuestro nivel evolutivo, que ya sería mucho, pero pensar que hemos llegado a una cumbre? Lo digo desde el cariño y la admiración en muchas ocasiones. Tenemos tanto que aprender….

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    • Graciasssss querida, hay muchas cumbres en las cordilleras de la vida. Alcanzar ciertas cumbres es solo un pequeño y humilde momento para seguir adelante. Vivir en una caravana sin poseer prácticamente nada no es un acto de soberbia, es simplemente arrodillarnos ante la vida para expresar conmoción y reconocimiento… Y sobre todo agradecimiento infinito…

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    • Javier, no me he expresado bien o tu no me has entendido. No hago ningún juicio de valor sobre el hecho de vivir en una caravana, simplemente por mi edad se que en la vida hay decisiones que dependen de nosotros, y que aún comportando muchas dificultades, están preñadas de nuestra ilusión y de lo mejor de nosotros mismos, pero hay otros acontecimientos que nunca buscaríamos pero que nos encuentran si o si a lo largo de nuestra vida y nos la cambian, o en el mejor de los casos nos la condicionan alejandonos de nuestros proyectos y sueños originales, tales como hacerse cargo de familiares que nos necesitan, enfermedades invalidantes, etc,….Es aquí donde lo que creíamos haber conquistado se pone a prueba de una forma radical. Es por esto por lo que yo decía “humildad”, que no es equivalente a llamarte soberbio, simplemente prudencia, como tu dices aceptación y agradecimiento por lo que tenemos pero mucha humildad ante lo que nos venga por delante “el hombre propone y Dios dispone”.
      Posdata: Por mi afecto hacia ti he querido intentar aclarar el malentendido, espero haberme explicado esta vez.

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  2. Esto de la humildad, la pequeñez y vivir de rodillas lo veo como un engaño del ego para que nos amedrentemos y nos quedemos viéndolas caer.
    Urge una inversión general de creencias, dejar ya de ser unos desheredados y reclamar nuestra herencia divina.

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