Llueve


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Es cierto que los días son largos o cortos según fijemos nuestra atención en la pasividad o la actividad. Cuando pasas la noche en una acogedora caravana que logra tambalearse por la potencia del viento, el nuevo día nace como una sobrecogedora experiencia. La lluvia no ha parado desde que amaneció. Por la tarde, en el tradicional paseo con Geo terminamos los tres empapados. Alguien nos advirtió que en las tierras del norte llueve con contundencia. Realmente la lluvia no nos molesta y el viento puede ser un buen aliado para alimentar baterías que nos den algo de luz en cuanto podamos adquirir un molino aerogenerador. Nos gusta ver los aparentes inconvenientes en oportunidad.

La lluvia también nos permite recogernos, estar atentos a la vida interior, intentar despegar la imaginación creadora para trabajar en esos planos más sutiles donde energías y encuentros con fuerzas de todo tipo pueden completar una vida rica e intensa. No podríamos quejarnos jamás de ese regalo interior que la lluvia nos ofrece. Estamos agradecidos plenamente por sabernos acogidos en el templo que nace aquí dentro, en lo recóndito, en lo misterioso, en lo expansivo.

Ahora pensamos en el frío que pronto llamará a las puertas de la frágil caravana. No sabemos aún como amortiguarlo. No nos dio tiempo a cambiar todo el tejado, y las ventanas que encargamos en junio aún no han llegado. Aquí todo es muy lento. No puedes programar nada en lo inmediato, y la urgencia es una palabra que desaparece entre los prados y los bosques de robles y castaños. Cuatro meses esperando nos parece mucho, pero quizás para ellos sea lo normal, o incluso poco. Quién sabe los motivos por los cuales todo se retrasa por aquí. Lo cierto es que si eres albañil y trasladas tu domicilio a estas regiones nunca te faltará trabajo. Los pocos que hay o los pocos que quedan se quejan del exceso de trabajo que tienen. Algo paradójico en una tierra que sufrió el envite de la emigración a las américas y que ahora sigue decreciendo demográficamente. Dicen que los jóvenes se marchan a las ciudades y que los viejos, cuando mueren, dejan un vacío insoportable. Lo decía hoy nuestra querida Lourdes, nuestra vecina más querida que tanto nos cuida y mima. Preocupada no sabía vaticinar un futuro muy positivo para las gentes que queden en esta tierra.

Y nosotros, nuevos pobladores, sentimos sin embargo un halo positivo y esperanzador. Como digo, esto que para muchos es un impedimento, el drástico clima, para nosotros es una oportunidad de crecimiento y sabemos que también lo será para futuros exploradores de lo incógnito, de aquellos que anhelan aproximarse al nuevo paradigma grupal. También lo ha debido de ser en países del norte de Europa, especialmente en los nórdicos, donde el clima es aún más insoportable y sin embargo, parece que tienen un nivel de progreso superior a los países de climas más suaves. Quizás la dureza les hace hábiles en cuanto a la búsqueda de bienestar. A nosotros nos alumbra el camino para reencontrarnos con el ser, con la quintaesencia del Misterio, y de paso, trabajar en cierto equilibrio exterior, que para nada está mal.

Sigue lloviendo. Es bueno que llueva. Así mañana los prados seguirán verdes y las cosechas interiores crecerán a raudales. Que llueva, que llueva, que todo crece y se expande. Que todo mina nuestros valles y ríos de poderosa intuición.

(Foto: El Bosque de los Ancianos, un maravilloso rincón que siempre nos acoge con cariño).

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2 thoughts on “Llueve

  1. Aquí, en el Sur, llueve también en este momento.
    Pero es otra clase de lluvia, más superficial.
    No me cambio por ti pero valoro extraordinariamente lo que estás haciendo. No dejo la ciudad por el monte, especialmente ahora que he vuelto, pero necesito saber que tú lo pueblas.
    En esta vorágine de ruidos, multicines y prisas, que adoro, me he propuesto recordar a diario que tú estás en ese otro mundo -en ese otro Yo- lento, cansino y lluvioso, que he llegado a detestar aunque necesite a veces.
    Y que ambos, si queremos, podemos complementar nuestro esfuerzo.
    Porque Dios, sin demonios, no es bueno. Ni Satanas, sin Dios, tiene la más mínima maldad. 🙂

    Un fuerte abrazo.

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