¿A qué he venido a esta tierra?


o couso

“He venido a esta tierra para introducir un sistema social enteramente nuevo; para cambiar la sociedad, que ahora es un sistema ignorante y egoísta, convirtiéndola en un orden social iluminado que unirá gradualmente todos los intereses en uno, eliminando las causas de enfrentamiento entre los individuos”. Robert Owen

 

Owen fue empresario y el padre del cooperativismo, pero también fue un utópico que deseó conjugar el sueño de una nueva tierra mediante la regeneración del mundo, moral y materialmente. Lo intentó con su comunidad New Harmony y fracasó como tantos. Sin embargo, en su obra hay algo interesante: lo intentó.

Mientras acarreamos la carretilla llena de tierra de un lado para otro y lo conjugamos con nuestros propios trabajos a veces bajo la lluvia y otras bajo el viento y el frío, seguimos pensando concienzudamente que merece la pena, que todo este esfuerzo no es para vivir una vida plena, marginada y aislada, sino para, de alguna forma, poder contagiar a otros de una forma diferente de hacer las cosas.

No buscamos inmovilismo, ni pasividad, ni siquiera una marginación retraída en tiempos remotos. El sentido de crear una comunidad, una alternativa al modelo egoísta imperante, es simplemente por una necesidad de compartir un marco razonable, mejorable y amoroso dentro de un mundo tan convulso. No hacerlo desde la teoría, que está muy bien y resulta imprescindible, sino dando un paso más hacia delante, arriesgando un poco más y comprometiéndonos hasta donde nos parezca razonable y lógico con la idea.

Creemos que es lo más sensato y lo más coherente. Muchos despertamos dentro de nosotros esa necesidad de cambio en nuestras vidas y en nuestras sociedades pero dotamos de flaqueza las fuerzas que nos han de impulsar al cambio real, material y moralmente dentro de nuestras vidas, de nuestras actitudes. Por eso no nos da miedo la dificultad. Ni siquiera la idea de fracaso tal y como ocurrió con la New Harmony de Orwen y de tantos y tantos experimentos. El único fracaso es el dejar de intentar, y el único instante de frustración viene cuando no actuamos acordes a nuestra palabra, idea o sentir.

Si pasamos toda la vida criticando un modelo de sociedad, un modelo opulento, masificado, egoísta y dócil ante el despilfarro y lo abundante, debemos actuar con cierta coherencia. De alguna parte tienen que salir las fuerzas para dejar la comodidad, el aparente bienestar y la seguridad de una vida fácil para poder enfrentarnos a la construcción de algo diferente.

No se trata de insensatez. Cada vez que miramos a nuestro alrededor creemos firmemente que al menos, el haberlo intentado formará parte de ese sueño que todos albergamos dentro de nosotros. Y no creemos que sea un sueño ingenuo. Creemos que la humanidad, de forma solidaria con el resto de ecosistemas, algún día deberá inclinarse ante un nuevo orden moral y social. Algún día dejaremos de enfrentarnos los unos a los otros, dejaremos de competir y de presumir, dejaremos de pisotear al otro como si fuera un auténtico enemigo. Algún día alguien enfrentará la suficiente valentía para emprender el camino de lo generoso. Y ese día muchos lo seguirán.

Cuando miro a mi alrededor y veo campos y bosques y animalitos y praderas pienso: ¿a qué he venido a esta tierra? La respuesta es muy parecida a la de Orwen. Deseo introducir un sistema social enteramente nuevo. A lo que añadiría: deseo al menos intentarlo.

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