La Dorada, verdadera patria


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Me fui abrumado por tanto circo mediático en torno a los nacionalismos trasnochados a dar un paseo por la España real, por la que pasa hambre y necesidades y que trabaja de sol a sol para llevarse algo de comer al estómago, o para, una vez olvidada la resaca de la crisis, volver de nuevo al ataque con el consumismo atroz y la falsedad egoica. Me marché al sur con una frase que había leído en algún periódico de tirada nacional: “dice John Gray que “los humanos son diferentes porque habitan un mundo imaginado, creado por sus propias ideas, mitos y fantasías, que toman como reales”. Y pone como ejemplo el modelo de vida liberal, “cuyo encanto”, dice, “consiste en que permite a la mayoría de la gente renunciar a la libertad sin saberlo”.

Ese encanto del que habla Gray resultaba gracioso en esa especie de fiesta ilusionante, apropiada para que los mercaderes sigan frotándose las manos al ver a la masa y la turba gritando consignas apropiadas, uniformados con banderas, sin ser conscientes de que esa atenida libertad a la que aspiran es solo un silogismo ficticio, un nuevo yugo del poder totalitario y discriminado. No me fío de los nacionalismos. Sólo hay que repasar la historia para ver que hurgar en las diferencias no trae nada bueno. Y lo que ahora parece una fiesta no es más que una renuncia a una parte de nosotros mismos…

Tras pasar la mañana en la antigua capital del califato omeya con los maestros instalados, me marché a la calurosa Málaga donde pude disfrutar durante toda la tarde del sábado de la amistad y el calor de buenos amigos. Pasaron las horas y pude olvidar durante un trozo de tiempo ese dolor intelectual y emocional al ver como hermanos empiezan a separarse irremediablemente por cuestiones patrias. Se hizo muy tarde y por no molestar terminé en las playas de Nerja, durmiendo bajo la sombra de “La Dorada”, conocido barco que ahora descansa en la plaza de “Verano Azul”. Fue emocionante volver a la infancia y retomar la verdadera patria, la de los recuerdos, la de las emociones y vivencias de esa primera niñez. Y fue extremadamente emocionante recostarme en el asiento del híbrido y dormir plácidamente bajo la sombre del barco que tantos recuerdos mecía a esas horas. Eso sí me pareció un acto libre. Dormir a mis anchas en cualquier parte, sin amo, sin patria, sin dios.

Tras pasear por las calles de Nerja y desayunar algo en el Balcón de Europa, en la mañana del domingo surgió una improvisada jornada de trabajo en un lugar con miles y miles de libros. El hombre bueno, el maestro del oficio, llenaba mi espíritu joven de consejos mientras entusiasmado me enseñaba las últimas novedades editoriales. Era una sensación extraña estar allí en un día no laborable, alejados del ruido de la veintena de empleados que todos los días viven rodeados de letras. Me sentí privilegiado por poder hurgar en los secretos editoriales en un mundo donde cada día se lee menos y se cree más, donde el espíritu crítico deja paso a la turba, al ruido de la masa y su inconsciente colectivo, a la ignorancia y la falta de reflexión y profundidad en los acontecimientos de la historia. Esa misma masa uniformada es como aquella que creyeron el mensaje marciano de Orson Welles, o como esa sensación de pensar que Colón murió sin saber que había descubierto América, o como la cara de John Farynor, humilde panadero que en 1666 hizo arder toda Londres al dejarse encendido el fogón del horno. La humanidad comete errores, a veces la sociedad en su conjunto padece miopía o incluso desviadas percepciones de la realidad. Alguien debería explicarnos de qué o quien seremos “independientes” los catalanes. Y sobre todo a quien interesa y por qué.

Al volver al centro, al zulito ya despejado de recuerdos y enseres personales a la espera de ser entregado en fecha próxima repasaba de nuevo la prensa. “Aunque no nos dejen votar, votaremos y ganaremos”. Esa es la nueva consigna para el 9N. “Votaremos y ganaremos”. Claro, votarán sólo ellos y ganaran, por supuesto, en nombre de todos, por inmensa mayoría. Porque aunque no lo parezca, hay gente que no quiere votar.

En fin, me quedo con el dulce recuerdo de “La Dorada”, la verdadera patria, y mañana será otro día. Gracias a Javi, Tito, Quique, Bea, Desi, Piraña, Julia, Pancho y a Chanquete, mi viejo pescador, que esta noche me han mecido bajo su barca. Hoy habéis sido lo más aproximado que he tenido sobre eso que llaman patria, nación o tierra.

(Foto: “La Dorada”, más conocida como el barco de Chanquete, esta mañana en Nerja).

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