De la Diada a la díada


 

Decían los austracistas eso de Pro Lege, Rege et Patria. Pero ahora todo es tan maravilloso, todo es tan armónico en los planos de la inteligencia. Pronto, muy pronto, nos daremos cuenta de que la cultura nada tiene que ver con las patrias, ni con los estados, ni siquiera con ese conglomerado de símbolos que llamamos naciones. Muy pronto saldremos a bailar como lo hace Matt, siguiendo la estela de la unidad ante la diversidad, desde el respeto, la magia del abrazo y el sentido de potenciar juntos nuestras fuerzas y anhelos. Haremos de las banderas pañuelos para proteger al otro y de los himnos patrios susurros para enamorarlo.

Muy pronto tendremos la facilidad de mirar al otro de alma a alma, de guardián a guardián, sin necesidad de mirar si son unionistas o independentistas, si son negros o árabes, si son altos o bajos, ricos o pobres. Realmente lo único que nos diferencia son ciertas coordenadas, ciertos ciclos, ciertas conjeturas del universo que convierte lo paradójico de la existencia en fortuitas obras.

Por eso mañana deseo que todos los que salgan a celebrar el anhelo de libertad lo hagan desde el respeto profundo de esa palabra. Desde la responsabilidad que nace tras la boca de ese paladar. El compromiso no es ni con la historia ni con las futuras generaciones. El compromiso es hacia el alma que subyace en todas las cosas, hacia el arte de toda cultura, hacia el espíritu de todos los tiempos.

Nos sentiremos gozosos el día que abracemos a la madre Tierra como única nación, como verdadera bandera de nuestros destinos. Seremos dignos de llamarnos humanos el día que las fronteras caigan una a una. No sólo las fronteras nacionales, también las ideológicas, las que nacen de la creencia o la diferencia, las que se precipitan desde la inconsciencia colectiva. Seremos dignos de sentir la hermandad y volcar toda nuestra energía en proteger y ayudar al otro, en salvaguardar la dignidad de todo aquel que cohabite nuestros lugares de paso con nosotros.

La sombra de un árbol dura lo que el sol tarda en transitar de un lado al otro el horizonte. Lo mismo ocurre con las diferencias. Podremos pensar que ahí, en lo oscuro de su sombra hay algo que nos diferencia y divide. Pero al mirar hacia arriba y observar que lo que oculta el bosque es la radiante luz del mediodía sabremos mirar al mundo con otros ojos.

Esa mirada ya está llegando alejada del miedo, del rencor, de la rabia y del pasado. Esa visión ya es palpable en las nuevas generaciones sedientas de hermandad. Pronto renacerá la vida radiante del sol, de la luz, de la lucidez, del candor. Pronto bailaremos todos juntos en cualquier plaza para celebrar el advenimiento de un nuevo mundo. Pronto la Diada se convertirá, como exclaman los filósofos, en la díada: en la unión de dos seres o dos principios especialmente vinculados entre sí.

 

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