Creando Comunidad: el reto de la existencia humana


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El ser humano pasó inevitablemente por su parte egoísta e individualista. No debemos verlo como algo dañino ni debemos ejercer una crítica feroz sobre esa fase que damos por llamar capitalismo. Realmente era una especie de emancipación necesaria. Sentíamos la necesidad como colectivo de atravesar los aspectos más individuales de nuestra condición humana. Al emanciparnos, primero desde el aspecto material y luego desde el intelectual, nos empoderamos como seres libres y exigimos un giro importante en la historia humana. Aprovechamos de paso para mejorar nuestros aspectos de seguridad, de bienestar y riqueza. Cuando llegamos a la fase en la que ahora nos encontramos, algo nuevo está surgiendo y algo nuevo está empoderando nuestras vidas.

Lo que ocurre es la manifestación de un nuevo empuje, de una nueva fuerza que ya Marx llamó vagamente comunismo en su teoría sobre el materialismo histórico e investigadores como Cowan y Beck con su Dinámica Espiral o el propio Ken Wilber con su teoría integral intentan explicar. Realmente es una fuerza nueva relacionada con la acción grupal y participativa, con un modelo de convivencia basado en la ayuda y la cooperación y alejado del individualismo y el materialismo propio de épocas pasadas.

Esa nueva fuerza tiene que ver con buscar de nuevo las raíces de la comunidad y afrontar el reto de poder reactivar el compromiso de crear alternativas equilibradas a nuestro crecimiento y existencia. Se pretende crear un hábitat donde la humanidad pueda convivir en paz alcanzando propósitos comunes a través de experiencias compartidas. Esto será posible gracias a la promoción de la conciencia colectiva y la comunidad global, remarcando el interés ecológico de la inevitable supervivencia de la vida en la Tierra desde una perspectiva integral y holística.

Para poder alcanzar esto debemos cada día más olvidar nuestra parálisis egoísta y empezar a trabajar en términos de grupo. No sólo creando redes de colaboración sino apostando sin miedo ni parálisis por compartir espacios, lugares, hogares, dinero, trabajos y todo tipo de actividad humana desde esta nueva perspectiva. Tenemos por delante el reto de transformar nuestras ciudades en puertas que conduzcan a la realización humana y cooperativa. Tenemos el reto de profundizar en nuestra relación con la naturaleza en los campos y ambientes rurales, proveyendo de nuevas alternativas de colaboración y participación en todos los ámbitos de la vida. Todo esto desde una conexión que nace desde dentro, desde lo más puro y espiritual del ser humano hacia fuera, hacia el grupo.

Inevitablemente, sin perder la percepción del individuo emancipado y empoderado, sin restar espacios de soledad  individual, será necesaria una apuesta colectiva por todo aquello que tenga que ver con nuestra vida basada en nuevos valores, en una nueva cultura ética que nos hermane y acompañe hacia el equilibrio perfecto con la naturaleza. Cada vez será mayor esta tendencia, e inevitablemente, cada vez será mayor la necesidad de poder compartir todo lo nuestro con el otro sabiéndonos poseedores de unas correctas relaciones humanas basadas en el respeto, la generosidad, el esfuerzo común y colectivo y la responsabilidad con nuestras vidas y actos. Esta es la apuesta presenta y futura y ese es el ámbito donde deberemos desarrollarnos.

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