Voces del Desierto


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Si has construido castillos en el aire, no es necesario que tu trabajo se pierda; es ahí donde deberían estar. Ahora, pon los cimientos debajo de ellos.” H.D. Thoreau

Clamar desde el desierto tiene su propio sentido. Muchos pesimistas piensan que el mundo se derrumba, que el viejo modelo está caduco y muere inevitablemente. Otros no pierden el tiempo en ese taciturno discurso. Simplemente se remangan las manos y se ponen a trabajar en el nuevo paradigma, en una nueva realidad, en una nueva esperanza.

Se les ha llamado de todo. Lo cierto es que hasta hace poco sólo se les tildaba como a ese grupo de hippies que se reunían para quien sabe qué. Pero ahora es diferente. La generación hippie ha dado paso a una generación diferente, cargada de emprendedores, incluso de empresarios que han decidido apostar por un nuevo modelo de vida y convivencia. Una sociedad avanzada y madura produce una masa crítica más anticipada, más preparada e informada para afrontar los nuevos retos. Ya no es escapismo lo que se busca, ahora tocan soluciones reales, experimentos reales, proyectos que pasan de la utopía a un efectivo campo de aprendizaje y acción.

Estos días hemos estado en el desierto de Almería, en el Cortijo los Baños de Lucainena de las Torres, en el encuentro nacional de la RIE, la Red Ibérica de Ecoaldeas que a su vez pertenece a la GEN, la Global Ecovillage Network. Ha sido emocionante compartir con tanta gente ese “otro mundo es posible”, pero desde la acción. Ya no es sólo posible de palabra, de sueños. Hay mucha gente que desde la ciudad o desde el campo están construyendo formas alternativas de vida, más acorde con los nuevos tiempos, donde ese sentido ecológico y primordial de cuidar a la tierra y de paso a nosotros mismos que cada día más va tomando forma.

Ya no se trata de la infantil queja. No es salir a la calle para darte cuenta de que ni un ápice de reivindicación ha surtido efecto. Ahora se trata de meter las manos en el barro y construir casas con un sentido diferente, alimentadas con energía limpia y cuidada por habitantes que pretenden crear una red de respeto y apoyo mutuo. Ya no se trata de correr bajo la pesada carga del miedo. Se trata de arriesgar un trozo de vida valiente y arrojarla al impacto positivo de crear algo hermoso y cargado de emoción.

Estos días de compartir nos hemos sentidos afortunados por clamar desde el desierto de Almería que otro mundo es posible y se está construyendo, ahora, en este instante. Además, por una masa de jóvenes que bucean cada día más ante la responsabilidad de contribuir activa y positivamente en la construcción de un mundo más habitable. Quizás esa sea la madurez de esta comprometida juventud: dar a conocer como hemos de perseguir el sueño humano de un mundo cargado de valores y compartir y de cómo obrar para hacerlo realidad.

Gracias de corazón a todos por el esfuerzo de intentarlo, y sobre todo, por el esfuerzo de vuestro sincero testimonio.

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