Madrid, Madrid, Madrid


Madrid 

Ayer llegamos a la capital. El calor era asfixiante. Hoy también. Sudor, mucho sudor. Me quedaba atónito mirando cosas que ya había olvidado. Ver como de los grifos sale agua en abundancia, la cama grande de la cual esta mañana no quería salir, una nevera vacía. Tras tres meses viviendo en los bosques todo lo de la ciudad parecía artificial, sacado de una película de ciencia ficción.

Por la tarde Fernando Sánchez Dragó me invitó a hablar sobre libros. Subí al tercer piso, me pidió que me quitara los zapatos y charlamos durante un buen rato en la que hace dos años iba a ser mi morada en Madrid, compartiendo un trozo de hogar con el afamado escritor. Me contó cosas espeluznantes sobre las cloacas del Estado debido a la investigación que durante dos años ha tenido que hacer para un libro que pronto saldrá. Realmente nada me era desconocido ya que en mis tiempos de joven aprendiz silencioso había visto cosas peores. De hecho me hablaba y sentía lo mismo que sentí ayer. Como si todo se tratara de una película de ciencia ficción.

Luego por la tarde asistí a la meditación de los martes locos en el Centro Dharana. Éramos casi treinta personas deseosas de compartir un rato diferente, una especie de salvavidas donde poder respirar algo de aire fresco en toda esta maraña de vida ficticia. Observaba que en la ciudad resulta difícil contemplar un amanecer, abrazar los rayos de la tarde, bucear en las grietas de los surcos de la tierra o simplemente maravillarse por esos infinitos tonos dorados y verdes que se entremezclan en los prados y montañas celtas.

Echaba de menos la ciudad, pero hay tanto ruido en ella. Lo notas especialmente cuando vienes del silencio, cuando aterrizas después de un tiempo alejado de los tonos grises. Por la mañana empecé a leer con calma las noticias políticas, lo que ocurre en Irak, en Escocia, en Cataluña. Las imágenes del Estado Islámico decapitando a un inocente periodista aún me aterrorizan. También los absurdos nacionalistas, los estados, las naciones. Me parecen un insulto a la inteligencia, pero ahí están, ordenando nuestras vidas, ofreciendo eso que llamamos progreso. En Barcelona las calles se llenan de banderas. También sacan banderas en la nueva Irak. En el fondo es lo mismo. En el estado islámico decapitan a inocentes periodista. En El País una periodista catalana, Nuria Amat, se quejaba de que ha muerto civilmente en Cataluña. Sí, en el fondo es lo mismo, queramos o no queramos verlo. Un problema de banderas, es decir, un problema animal aún no resuelto en la consciencia humana.   

Salí a la calle a hacer algunos recados y de nuevo ese ruido al que tristemente nos acostumbramos tan fácilmente. Aquí el silencioso pasear de los peregrinos quedaba lejos. También las silenciosas mariposas del campo, el vaporoso viento susurrando las copas de los castaños y robles. No veía por ningún lado el halo mágico de la naturaleza. Eso me hacía pensar lo difícil que será para las próximas generaciones afrontar la ambiciosa tarea de volver a humanizar las ciudades, de volverlas más sanas, más sensatas, con algo de cordura y sentido común.

En la meditación veía a casi treinta almas desesperadas por hinchar sus pulmones con esa calma. La evasión es casi necesaria. Me preguntaba mientras posaban sus manos sobre el pecho qué sentían, qué era aquello que seguía atrapando a tanta y tanta gente en la felicidad del ruido, en la taquicardia diaria, en el egoísmo supremo, en el consumismo presumido, atropellado, absurdo, en las banderas, el dinero, el poder, el… Me pregunto si es posible un cambio radical respirando tanto asfalto, tanta desconexión con la extrema maravilla del mundo silencio que nace de la naturaleza. Me pregunto si aún estamos a tiempo de desmontar todo este mundo incierto para volver a lo natural, a lo sincero, a lo silencioso. Me pregunto humanamente qué sentido tiene la vida cuando la consumimos ante tan dichosa hornada de absurdos perpetuos.

Anuncios

3 thoughts on “Madrid, Madrid, Madrid

  1. La paz va contigo, si tú la llevas en tu alma..
    Las revoluciones vitales las contralas tú…está en tí estar conectado al silencio… a la belleza que oculta la ciudad detrás de tus palabras, Madrid es un ser vivo, un conglomerado de células, un universo entre millones de universos…
    Abrazo gigante amigo!

    Me gusta

    • Querida, a veces los seres vivos enferman, y a veces el silencio puede ser cómplice de injusticias. Podría callar y disfrutar de la enfermedad de una ciudad que forma parte de un nudo agonizante. Pero me atrevo a retirarme de la paz por un instante, asomar la cabeza al mundo y ver con pena y dolor que hay mucho por hacer… besitos desde el corazón que te quiere…

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s