Caminando despacio


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Este verano está siendo intenso. O Couso es un proyecto ambicioso al que hay que dedicarle recursos, trabajo y atención, mucha atención. Especialmente para todos aquellos que vienen a experimentar una forma diferente de convivencia, de apoyo, de cooperación, de valores, en definitiva, que tienen que ver con esa proximidad a la nueva cultura ética que poco a poco estamos integrando en nuestras vidas.

Cuando veo las noticias el mundo me parece lejano. Todo lo que ocurre en él me parece incluso extraño. Esta es una visión peligrosa porque de alguna forma te aísla de la realidad envolvente y de alguna forma te inmuniza de ciertas cosas. Por ello me estoy planteando dar un giro importante en muchas cosas para no separarme del mundo, para no olvidar que ahí fuera hay más vida de la que podemos abarcar y de que O Couso es un trozo de ella, pero no es la totalidad.

Es hermoso ver como vienen personas desconocidas y en poco tiempo forman casi parte de una familia invisible. Este fue un lejano sueño que de forma misteriosa se ha tejido este año. Por eso creo que este año es muy bueno, un año de esos que llaman dhármico, de recoger todo aquello que durante tanto tiempo se ha ido sembrando. Pero no un año definitivo, no un año donde poder por fin descansar de los sueños. ¿Para qué hemos alcanzado estas alturas? El amigo Whitman tiene una certera respuesta: “sólo para seguir adelante”.

En lo interior ya se está tejiendo los nuevos retos para acelerar los procesos, las vivencias, para empujar hacia delante todo eso que germina en el interior. Las almas libres tienen esa potestad para poder viajar como aves peregrinas de un lugar a otro, proyectando en cada estación un trozo de aire fresco, de visión diferente, como ese Juan Salvador Gaviota que tras perfeccionar el vuelo quiso volver a los mares para compartir lo aprendido. Es una necesidad vital. La vida es un juego de ganancia y pérdida, y todo vale para llegar a la conclusión de que hay que compartir todo, absolutamente todo, incluso la experiencia vital.

Quizás de ahí surja la necesidad de caminar despacio, atento a las señales y los estímulos que la vida interior proyecta en el mundo exterior. Reflexiono sobre la magia de estos días, contemplando con paciencia como la casa va tomando forma, como la gente va enriqueciendo sus experiencias entre abrazos y amables y sencillos rituales de servicio y compartir. La vida es un regalo y pronto estaremos compartiendo cientos de cosas. Hay muchas ganas de vivir, de sentir, de abrazar todas las experiencias. De tener salud interior y exterior para poder seguir caminando hacia nuevos horizontes, nuevos retos, nuevas sendas.

El cielo sigue apretado de luminarias. El alba domina todo el horizonte posible. Todos los mundos, el placer y la sabiduría nos esperan. Somos afortunados. Estamos vivos. Somos estrellas radiantes. Somos caminos y oportunidad. Todas las cosas que contienen este universo nos esperan para ser abrazadas. Disfruta mientras puedas de cada instante. Camina, no te detengas ante el infortunio o la gloria. Sigue adelante y comparte.

 

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One thought on “Caminando despacio

  1. Excelente la experiencia de estos días.
    Todo desde la máxima sencillez, sin protocolos ni rituales onanísticos. Con cariño y espíritu de convivencia.
    Gracias, ex toto corde ( 🙂 ), y feliz camino.
    Me quedo con esto…
    “Camina, no te detengas ante el infortunio o la gloria”.

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