Cuando recibes tanto


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Por la mañana salíamos dirección Beariz. Íbamos dos coches porque la amiga Rosa estaba esperándonos para donarnos muebles, mantas, utensilios varios, sacos de dormir, somieres, sábanas, jarapas y un poco de todo para ir solucionando algunas necesidades básicas de O Couso. Nos recibió cariñosamente como siempre junto con su amiga Lila, la cual nos deleitó con una exquisita comida.

Tuvimos una agradable sobremesa y recordábamos viejas anécdotas, sobre todo esa en la que Rosa me sorprendió en un acto en Madrid regalando libros y me recordó que lo que yo tenía era una empresa y no una ONG. Nunca había vendido tantos libros como en esa mañana en la que Rosa se puso al timón del stand y a mí me puso a firmar libros de mi propia autoría. Hoy, de nuevo generosa, llenó nuestros coches, pero sobre todo nuestros corazones de amor y esperanza.

Siempre he defendido que los gestos, sean del tipo que sea, son indicadores de la calidad humana que hay tras ellos. Todos los días ocurren este tipo de gestos que nos hacen pensar que la vida está cargada de abundancia, especialmente aquella que tiene que ver con el cariño y el amor. Los seres nos relacionamos precisamente bajo ese pretexto. Estamos marcados por esa inevitable necesidad de amar. Porque en el fondo sabemos, comprendemos, que eso es lo único que merece la pena.

Como los gestos nunca vienen solos, tras los postres y el café nos llevaron a ver un hermoso pueblo lleno de impresionantes horreos gallegos. Allí nos encontramos con un aldeano que quiso enseñarnos su impresionante casa. Tenía muchos animales dentro de unas cuadras y terminó regalándonos una pareja de hermosos conejos y otra de hermosas cobayas, la hembra, además, preñada. Así que de repente hemos visto como la familia ha crecido de forma estrepitosa y casi sin darnos cuenta. De nuevo abundancia, cariño de un desconocido que al ver nuestra cara de fascinación por esos animales quiso compartir un trozo de su vida con nosotros. ¿Cómo agradecerlo? ¿Cómo compensar tantos guiños y abrazos invisibles?

Quizás la generosidad sea algo que se contagia, una acogida misteriosa que la vida nos ofrece cuando menos lo esperamos. Quizás solo tengamos que tener esos pequeños gestos a diario, con cualquier persona, con cualquier actor que entre en juego a cada instante para activar ese trueque mínimo. Un abrazo, un guiño, una sonrisa. Cualquier cosa es posible. Sin exigencias, sin expectativas, sin pedir nada a cambio. Sólo abrir las manos para poder dar y recibir, como esa espiral cósmica en la que vivimos, sentimos y tenemos nuestro ser. Quizás la vida sea eso. Dar y recibir, dar y recibir. No importa si son unas jarapas o un beso, una caricia o un simple guiño. Como ese sol que nos ilumina día a día, inagotable, y sólo solicita a cambio de ello una leve sonrisa en nuestro rostro, un leve agradecimiento a la vida. Gracias querida Rosa, Lila y el aldeano anónimo por tan generoso día. Gracias por vuestro trozo de luz que ya reposa y abunda en nuestros sonrientes corazones.

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