She’s like a Rainbow. Ahora es posible volver al bosque


ocouso-guay

Marcos vive en una pequeña aldea aledaña a nuestra finca en el valle que está rodeado por la sierra de Édramo y la entrada del O Courel. Tan sólo son tres vecinos con sus tres huertas y sus tres ganaderías. Nos explica paciente lo difícil que resultaba antaño vivir en las montañas y bosques. Sus abuelos vivían prácticamente aislados en un entorno hostil, lleno de lluvia y frío donde las cosechas siempre eran escasas y se dependía mucho de lo inmediato. No había electricidad, ni televisión ni internet. La cría de animales podía ser una buena fuente de proteínas para aguantar el duro invierno. Al no haber carreteras las aldeas estaban totalmente aisladas. Los médicos tardaban días en llegar a cualquier lugar. Los accidentes graves, como el que le ocurrió a su pequeña hermanita podían terminar en tragedia por la ausencia de medios. Esas duras condiciones hicieron que en siglos pasados existiera un gran éxodo hacia las ciudades, abandonando aldeas y pueblos que quedaron aislados en la soledad del tiempo perdido.

Ahora estamos y vivimos en una sociedad líquida. Todo es más cercano, más inmediato, más próximo, más fluido. No importa tanto donde vives porque de alguna forma todos tenemos acceso al mundo. Internet ha revolucionado el concepto y la necesidad de comunicación y contacto con el otro. Las tecnologías están permitiendo que la vida primaria, es decir, aquella que depende de forma inmediata del consumo de alimentos para la pura supervivencia haya pasado a un tercer plano. Ya no es tan crítico el tener que trabajar para poder producir alimentos. En las sociedades actuales el trabajo nace para cubrir otro tipo de necesidades como el pago de una hipoteca, el estar a la moda de cualquier tipo de cosa o penetrar en el tradicional consumismo de todo tipo de productos y servicios.

Pero la tecnología también sirve para cambiar las tendencias. Las ciencias sociales observan como el individuo está transformando sus valores gracias al mayor acceso a la información, al conocimiento y a la tecnología que lo produce. Una generación mejor formada también se traduce en mayor emancipación de tendencias, modas y consumismos. Cultivar la alegría, la plenitud o la consciencia son cada vez motivos de mayor interés por grupos de personas que ven otro tipo de salidas a otro tipo de necesidades más existenciales que vitales. Sin duda hay un cambio de tendencia. Lo pude ver en los viajes, en las vivencias y convivencias que hice durante algunos años siguiendo el rastro de comunidades utópicas para la tesis. Desde la antropología se puede observar y analizar ese rasgo, esa tendencia y cambio de conducta cultural.

El otro día, mientras paseábamos por la aldea saludamos a los vecinos. Uno de ellos, Pepe, nos decía mientras cultivaba su huerta: “lo ideal sería que no hubieran tres huertas, sino una, y que entre los tres vecinos la cuidáramos. Sería menos trabajo y la tierra rendiría más”. Esa frase que salía de una lógica aplastante es el fundamento de esa nueva cultura ética, de colaboración y apoyo mutuo que está surgiendo en este momento. Ya no se le da tanta importancia a la propiedad, sino al uso de la misma. La economía colaborativa se va instalando poco a poco en nuestra psique colectiva como una forma diferente de hacer las cosas. Y esto permite que podamos marcharnos a vivir de nuevo a los bosques para tener un mayor contacto con la existencia. Con las nuevas tecnologías ya no estamos aislados y cultivar la tierra para alimentarnos carece de la dureza de antaño. Ahora en el campo, en los bosques, es posible el ideal ilustrado de trabajar cuatro horas para disfrutar del resto con nuestros dones y talentos. Ese alto ideal lo estamos experimentando en estos momento, creando la utopía posible, creando un modelo cultural y social diferente.

En estas cosas pienso mientras escucho el “She’s Like a Rainbow” de los Rolling Stones en la mágica sierra cordobesa, sintiendo “la fresca” en estas casas blancas y trabajando, gracias a las nuevas tecnologías, en la última prueba de impresión del libro “Amor es relación”, escrito junto al amigo Ramiro Calle. Ahora sí es posible volver al bosque y disfrutar de la existencia plena.

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