Geo


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Cuando después de trepar por las paredes y tejados de O Couso nos sentábamos para contemplar las imponentes piedras que otros habían colocado durante generaciones desde el lejano siglo XVI ambos sentimos esa sensación: nuestro deber es cuidar y proteger el legado. Tanto el material como el espiritual. Somos realmente el relevo, los testigos vivos de este tiempo, y es nuestro deber convertirnos en los nuevos Guardianes del Camino. Por eso el día del solsticio disfrutamos arreglando la vieja ermita. Con su nuevo suelo y sus paredes algo más cuidadas, la sensación era embriagadora. Tras el ritual de consagración y ya con el nuevo suelo de castaño donado por unos anónimos testigos de nuestro tiempo nos sentimos satisfechos por el legado que ahora muchos podremos disfrutar. Sentimos tanto agradecimiento por ese hermoso y anónimo presente.

Los hurones y los corzos, las abubillas y los mirlos deambularon estos días por la finca. Pudimos ver algunos y otros se deslizaron fugazmente cerca de las caravanas. Nos sentimos vivos cada vez que la vida animal atraviesa o pervive con nosotros. Tanto que cuando el vecino Marcos apareció buscando sus vacas en nuestra finca, nos informó de que alguien había dejado dos hermosos cachorros de perro en la puerta de su casa. Fuimos a verlos con esa curiosidad de niño y no pudimos con la tentación de quedarnos con uno para que hiciera compañía a la gata Gaia y también a nosotros en las frías y lluviosas noches celtas.

El cachorro es tremendamente grande y hermoso. Lo bautizamos con el nombre de Geo, para que hiciera juego con el nombre de la gata. Ambos nombres significan lo mismo: Tierra. Ambos nombres ejemplarizan ese testimonio y deseo de recuperar la naturaleza en este entorno privilegiado.

La tierra y las piedras y los cuarzos, las flores y la hierba y los árboles con sus frutos, los animales que van llegando, quizás pronto vengan gallinas, alguna oveja que nos ayude con los pastos, algún caballo que nos ayude con las cargas… Y el humano, que tímidamente, desde otra perspectiva, desde otra consciencia, desea formar parte de ese plan de luz y de amor. El equilibrio es posible. La coexistencia es necesaria. Estamos felices de poder avanzar positivamente en ambas direcciones. Pronto vendrán más almas libres a las que habrá que inculcar esta pedagogía de lo posible, del equilibrio, del amor a la naturaleza y el respeto a esta tierra que no nos pertenece pero a la que pertenecemos. Por eso en O Couso no hay propiedad privada, solo uso temporal de la misma. Tanto de nosotros como de los que vengan en adelante. Aquí estaremos con las manos abiertas para seguir trabajando en la senda del respeto y el progreso interior consciente.

(Foto: Con Geo y Gaia paseando por los prados de O Couso).

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