Dos republicanos en la corte del rey Felipe


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Esta mañana nos levantábamos temprano, hacíamos la meditación juntos, desayunábamos y nos poníamos manos a la obra en la casa hasta la hora de comer. Hoy era un día políticamente significativo. El príncipe de Asturias se proclamaba rey de España, es decir, jefe del estado español. No han existido votaciones ni el jefe de estado ha sido elegido por sufragio universal. Simplemente ha heredado de su padre un poder, unos derechos y unas obligaciones. Su padre lo heredó de la misma forma del dictador Francisco Franco. Y este lo heredó tras la victoria de una sangrienta guerra civil y la expulsión de la legalidad vigente hasta ese mismo día.

En la sobremesa hablaba con el amigo Koldo sobre este surrealista país. Sintiéndonos más próximos a los poderes cósmicos que a los terrenales, no teníamos nada que celebrar en el día de hoy. No es que nos sintamos profundamente republicanos, pero si ser republicano es no ser monárquico, eso éramos hoy. Dos republicanos infiltrados en la corte del rey Felipe.

Y nuestra forma de celebrarlo ha sido lejos de la capital del reino. Arreglando parte del tejado y del viejo horno de leña que aún pervive a pesar de los siglos pasados. Trabajando en lo que para otros ha sido un día festivo y de celebración y procurando no alterar nuestra actividad por lo que sin duda ha sido un día tristemente histórico. Y digo tristemente porque nos hubiera gustado elegir al próximo jefe de estado y nos hubiera gustado que hoy las cosas empezaran a cambiar de forma más clara y concisa en este país.

No sé que va a pasar en los próximos meses y en los próximos años. Sólo espero que no caigamos en ningún tipo de deriva y que la sociedad en su conjunto clame por una nueva forma de hacer las cosas. Mientras eso ocurra, alejados de los poderes terrenales, nosotros seguimos empeñados en abrazar los poderes invisibles en esta lejana tierra. Aquí el sol es el que nos da la electricidad suficiente para poder escribir estas letras y el agua surge de las fuentes de la tierra. Pronto tendremos capacidad para hacer crecer la comida en la huerta y pronto tendremos un lugar donde dar acogida al prójimo y la prójima dominados por la perpetua alegría, única ley de nuestro reino. Algún día incluso invitaremos a Felipe para explicarle que otros reinos son posibles.

(Foto: Con el amigo Koldo Aldai reparando partes del tejado en O Couso).

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