Espejo del origen


Origin-of-the-World

Hoy me paseaba de incógnito por las grandes avenidas de la feria del libro de Madrid. La verdad es que era una sensación extraña el estar rodeado de tanto librero y editorial independiente en un mundo de puro colapso libresco, en un mundo que se ha convertido más en escaparate, fiel reflejo de una sociedad que vive ya de lo epidérmico, de lo superficial. Me gustaba mirar las caras de autores famosos y de otros menos reconocidos. Ellos buscan la mirada del otro, a la espera de ser reconocidos o ser admirados. Es curiosa esa relación de necesidad entre el autor y el resto. De alguna forma es una relación de apego, casi diría que de pura necesidad y adicción. Algunos autores te miran fijamente a la cara y su rostro parece que quiere decir, “sí, soy yo, en carne y hueso, ¿me reconoces?” Uno podría pensar que la feria del libro trata de eso, de feriantes que necesitan mostrar en el escaparate su sed de reconocimiento, de orgullo y vanidad en un mundo cristalizado e hipócrita.

A la vuelta de la feria alguien me ha hablado sobre el polémico video en el que hace unos días la artista Deborah de Robertis entró al Museo de Orsay con un vestido dorado y con toda la naturalidad del mundo se situó frente a “El origen del mundo”, la mítica pintura de Courbet. Se sentó en el suelo, se abrió de piernas y exhibió de forma natural y para estupor del público su sexo emulando a la pintura. La artista diría lo siguiente al respecto: “Mi obra -bautizada ‘Espejo del origen’- no refleja el sexo, sino el ojo del sexo, el agujero negro. Mantuve mi sexo abierto con las dos manos para revelarlo, para mostrar lo que no se ve en el cuadro original”, apuntó la artista al diario ‘Le Monde’.

Es interesante lo que Deborah muestra al mundo. Nadie se escandaliza por el cuadro de Courbet pero sí por el espejo que Deborah muestra a una sociedad hipócrita, apagada y simplona. Realmente la sociedad está enferma, narcotizada, desnaturalizada. Realmente vivimos en un atolladero extraño y surrealista que visto desde la plácida visión del espectro resulta incluso hasta abominable. Ya no hay talento, ya no hay filósofos ni artistas que obren para el bien común. Ya no hay personas sencillas que se paseen por un campo para escribir grandes poemas a la luz de una vela. Murieron Whitman, murieron los pastores y murieron los seres pensantes. Estamos a expensas de la deriva y en el mejor de los casos, a expensas de que alguien como Deborah nos recuerde, en un acto de valentía y lucidez, el momento de tan gran ceguera en el que vivimos. Seguimos necesitando de espejos donde mirarnos. Como esos pobres autores que hoy en la feria del libro buscaban desesperados la mirada del otro. Pero decidme, ¿dónde quedó el origen del mundo?

(Ilustración, “El origen del mundo”, de Gustave Courbet

 

 

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One thought on “Espejo del origen

  1. Excelente, aunque mi creencia y experiencia es que si quedan artistas y personas sencillas que utilizan el arte para sanar,conectar con su esencia y compartir con el mundo su verdad…otra cosa es que los encuentres en ferias de libros,aunque pocos,algunos hay;)

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