El Loco desnudo


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Pero hablemos únicamente de aquellas cosas que son difíciles, y no se captan por los sentidos sino que, en verdad, son casi contrarias a la evidencia de los sentidos. (Paracelso, Archidoxi Maxima)

 

Tras comprar los derechos a una importante editorial con sede en Londres, estamos trabajando en un interesante libro de Mark Hedsel sobre el camino iniciático. Poéticamente, y dado que el título en su versión inglesa no nos gusta del todo (The Zelator), lo vamos a titular El Camino del Loco. Mark habla de forma enigmática sobre ese símbolo de culto que nació en la Edad Media. Nos habla del Loco desnudo. Esa imagen tiene una larga tradición, nos dice. Su desnudez es la señal de que el Loco está dispuesto a mostrar las cosas que otros prefieren guardar escondidas. Estos Locos que muestran el camino de la visión superior que proviene de la iniciación, a menudo son considerados como absurdos por los Durmientes.

Esta mañana había que derribar del tejado unos grandes pilares hechos de madera de castaño. Esos grandes troncos, vistos desde arriba, se mostraban majestuosos. Mientras estaba allí arriba, en peligrosa posición a una altura considerable y veía desde allí cosas impensables, me preguntaba qué sentido tenía toda esta locura. Contemplaba el bosque, las montañas, los tejados impresionantes hechos de grandes placas de pizarra en esta casa del siglo XVI que aún aguanta los envites del tiempo, miraba a los voluntarios que andamos de aquí para allá trabajando duramente para reconstruir piedra sobre piedra sin esperar nada a cambio excepto esa desnudez loca que provoca que algún curioso pueda mirar y ver más allá de lo aparente.

Luego te das cuenta de que todo tiene realmente un sentido. El Camino del Loco es necesario, aunque presuma de peligroso por el inevitable juego de engrandecer cierto ego. Todo crece de forma exponencial y el trabajo interior consiste, en muchas ocasiones, en menguar aquello que pueda resultar ofensivo y mostrar y compartir aquello que pueda ser eficiente, constructivo o útil a los ojos de la creación.

Hay una puerta estrecha en todo Camino. Es cierto que todos los caminos son válidos y que cada cual tiene el suyo propio. Pero hay un momento en ese caminar donde todos nos encontramos de bruces con cierta puerta estrecha. Allí no entran nuestras grandes y pesadas mochilas, nuestros lastres, nuestras aristas, nuestras imperfectas anchuras. Uno debe aproximarse a esa puerta estrecha con cautela, mesurando la templanza y adelgazando en todo lo posible para poder pasar al otro lado.

La vida cobra un sentido maravilloso cuando de repente te ves desnudo en mitad de un bosque, bañándote con agua del riachuelo aledaño, despejando cualquier duda ante los rayos del sol y escuchando desde lo lejos, los ladridos de dos perros. Aquí estamos exactamente a 3,3 kilómetros del Camino. Estoy pensando que no estaría mal colocar en la entrada una puerta estrecha, a modo de símbolo, para ilustrar aún más todos esos arquetipos con los que nos topamos desde la sabiduría perennis. Mientras, seguimos desnudándonos de todo. Dejando libres de ataduras y presiones aquello que nos adormece. Los Durmientes pueden pensar que estamos locos. Pero lo único que pretendemos es crear un pequeño despertador de consciencias para mostrar ese otro mundo posible.

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