Expulsando a los mercaderes


a

Uno de los episodios que más me conmociona de los relatos bíblicos es en el que, látigo en mano, Jesús expulsa a los mercaderes del templo. La figura de Jesús, mucho más allá de lo que luego se haya trivializado, siempre me pareció revolucionaria. Los atributos divinos que a lo largo de la historia le hemos atribuido no me interesan demasiado. Su mensaje revolucionario, tanto en los aspectos interiores como exteriores, sí.

No somos conscientes de que los mercaderes vencieron a Jesús. Quizás lo que está ocurriendo ahora en nuestros días no es más que producto de su propia venganza contra aquel látigo que en tiempos de Galilea les puso en evidencia.

Por eso los mercaderes se han apoderado de la política, de la economía, de la cultura, de lo social, del espíritu y lo espiritual. Por eso estamos acostumbrados a ver el mundo desde la usura, desde el egoísmo, desde el interés y la codicia. Jamás seríamos capaces de desprendernos de todo cuanto hemos conseguido. Jamás seríamos capaces incluso de despojarnos de nuestros logros, nuestra personalidad, nuestras estructuras más intimas y arraigadas, nuestras conquistas profundas y epidérmicas. Somos usureros hasta en lo interno, hasta en lo nimio. No nos conformamos con ser soldados rasos, con ser humildes servidores en la sombra, en silencio, en desapegado amor. Queremos ser generales y dominar el mundo.

Mañana toca votar y votaremos de nuevo a los mercaderes de la política. Votaremos eso con lo que interiormente vibramos. Votaremos al apetito, a la avidez, a la voracidad, a la gula de nuestra insaciable apetencia. Ganarán y nos quejaremos porque no somos valientes ni revolucionarios. No somos capaces de, látigo en mano, sacar a los mercaderes de nuestros templos, de nuestras instituciones, de nuestros estamentos.

Mañana será un gran día porque tendremos de nuevo la mediocre oportunidad de ejercer nuestra pataleada soberanía. Pero es tan pobre la misma que nada cambiará. Nos ponen el final de la Copa de Europa el día antes de las elecciones de Europa. La gente se embriaga de circo mientras que mañana, borrachos aún por la euforia futbolística, votarán a quienes le ofrecen tan entretenido coliseo.

Algo de pan, algo de circo, y los mercaderes disfrutando de su venganza. Pero no saben que algún día la revolución volverá y la usura será despreciada y abolida, como un día se abolió la esclavitud y el vasallaje. Algún día despertaremos a esa nueva visión alejada. Y si esto no ocurre, terminaremos como predijo Stefan Zweig, suicidados como civilización. Así terminó él y su esposa, prefiriendo la muerte digna a la ambigua aceptación de la desaparición de la civilización en manos del nazismo.

Anuncios

2 thoughts on “Expulsando a los mercaderes

  1. Te leo muy pesimista, Javier. no te suicides cómo Stefan Zweig, por desesperanza.
    Estoy contigo en lo referente al mensaje de Jesús, por más siglos que pasen seguirá vigente, y por más que intenten destacar la vida y milagros de su figura (papel couché) la verdad saldrá a flote, como el aceite flota sobre el agua.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s