Presidentes de una nueva nación


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Estamos en un momento histórico. Un tiempo de emancipación donde aprendemos a no depender de nadie y, sin embargo, ahondamos en el compartir desde la generosidad, desde la cooperación y la ayuda mutua todo cuanto somos y tenemos. De alguna forma eso nos emancipa en todos los sentidos, en lo exterior y lo interior.

En lo exterior porque hemos descubierto que no podemos basar los valores del trabajo y la economía en agentes externos. No podemos seguir demandando empleos a empresas y empresarios, al Estado o instituciones. Debemos aprender a emanciparnos y poder reorganizar nuestra economía para que con nuestro esfuerzo y trabajo, sin depender de nadie, libremente, podamos satisfacer nuestras necesidades. La vida en los bosques que estas semanas estamos viviendo nos está demostrando que realmente se puede vivir con muy poco. Una docena de personas de buena voluntad, creando un círculo antes de cualquier trabajo para atraer a la consciencia y al espíritu de la unidad, es lo que se necesita para hacer de una larga e intensa jornada algo divertido, productivo y ameno. Una docena de personas bien enfocadas en una clara intención de ayuda mutua son capaces de crear cosas increíbles.

En lo interior también nos estamos transformando. Cada día necesitamos menos de gurús, de guías, de maestros y empezamos a descubrir el empoderamiento que nace de nosotros mismos, de ese gurú, maestro y líder que somos nosotros mismos. Basta encontrar en la vida sencilla, en lo cotidiano y ordinario una verdadera oportunidad para la expansión y la transformación consciencial. Basta con sabernos adultos, maduros, libres y profundamente conectados a nuestro interior para liberarnos de los yugos, de las creencias y las recetas epidérmicas que pretenden tenernos atados a sistemas que nada tienen que ver con la sencillez y la humildad que este tiempo requiere.

Es por ello que estamos siendo preparados para un cambio cultural, radical y revolucionario, una nueva secuencia de valores en el desarrollo humano donde el individuo se reencontrará con el poder grupal nacido desde la ciudadanía y no de las instituciones. Por eso cada día estaremos más alejados de lo sistémico y más unido a lo cercano, a lo humano, a lo sencillo de la vida cotidiana compartida, consagrada y elevada a los altares del bien común. Por esto cada día daremos más la espalda a la mentira a la que nos tienen acostumbrados, al maya, a la ilusión, al matrix al que estamos conectados. Habrá cada día más bosques liberados donde nos enseñarán la urgencia del vivir desde lo sencillo y humano y donde nos volverán a reconectar a la vida en mayúsculas. Hombres y mujeres de buena voluntad ya lo están experimentando, haciendo que se cuestione de arriba abajo todo el sistema de valores que hasta ahora nos ha gobernado. Y descubriendo, de paso, que todos nosotros seremos presidentes de una nueva nación, de un nuevo mundo que nos espera y abraza. Nosotros, en sencilla comunión con nuestro interior y el mundo, ese laboratorio que proyectamos desde lo profundo.

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