Mi vida en los bosques. Día 1.


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Thoreau era, como diría Lawrence, un aristócrata del espíritu, es decir, lo más raro de encontrar sobre la faz de la Tierra. Retirarse a los bosques es una especie de examen de consciencia. Venimos a este mundo y nunca somos capaces de sentarnos a solas con nosotros mismos. Nos resulta extraño estar en mitad de la nada, bajo el manto de una lluvia helada escuchando los ruidos y alaridos de la noche, perdidos, miedosos, asustados. Comulgar con las bestias, con las plantas y los árboles, con las estrellas y el sigiloso rumor es algo que nos acerca a la llama de lo vital, algo que nos aleja de la futilidad y la absurdidad de la vida y nos aproxima al encuentro mágico y sagrado con la Naturaleza, que es de donde venimos. Pero también es algo que nos aterra y nos incomoda. ¿Se puede vivir sin tanto ruido? ¿Se puede vivir tranquilo y en paz gracias al fruto de nuestras manos?

Decía Henry Miller con acierto que la verdadera jungla no estaba en los bosques, sino en la ciudad. Tenemos que abrirnos camino con el hacha, nos decía, para poder salir de este lugar que nos oprime, nos limita, nos estorba y termina inhibiendo a los espíritus libres. Los sabios, decía, siempre vuelven a la tierra, a la naturaleza, como una necesidad inherente a su creatividad y su necesidad de emancipación.

Cuando esta mañana me disponía a marcharme y compraba algunas cosas para poder sobrevivir los primeros siete días en el bosque no pensaba en estas cosas. Tras viajar durante más de cinco horas por el placer de perderme entre bosques y caminos poco transitados, terminé en O Couso. Aquí llovía, e incluso cuando estaba subiendo la montaña cayó algo de granizo. Al llegar se abrió un hermoso círculo en el cielo que me permitió meter las cosas en la caravana, la que será mi nuevo hogar durante un tiempo prudencial e indeterminado. Pude dar un paseo para saludar a vacas y caballos, a pájaros y árboles. A diferencia de la última vez, hoy es un día de frío, muy frío.

Siempre había soñado experimentar esta soledad en el bosque, cumplir con la promesa de hollar la senda de Thoreau y comprobar si la utopía es posible alejados de la maraña metropolitana. Hoy es el primer tímido paso hacia esa promesa. Enfrentarme a la noche, al frío, al silencio asfixiante, a los ruidos nocturnos, al bosque. Habrá muchas incomodidades que sortear, pero habrá mucho tiempo para desgarrar al ser interno y dejarlo fluir hasta donde pueda. Aquí no hay agua ni luz ni ningún tipo de comodidad. Si tengo ganas de ir al lavabo tendré que abrirme paso en la maleza. Si deseo ducharme tendré que buscar el arroyo. Comer será un ritual al que habrá que dedicar tiempo. Podré escribir mientras me quede batería y tendré algo de luz por las noches si consigo que las pilas de la lamparita aguanten suficiente. Lo demás es incertidumbre, arrojo, osadía.

Como todos los años en estas fechas, llega el momento de explorar al ser. El año pasado fue el Camino. Este año será el Bosque.

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4 thoughts on “Mi vida en los bosques. Día 1.

  1. Me pregunto si yo sería capaz de hacer eso. Si siento la necesidad de estar a solas y en contacto con la naturaleza, pero no se si sería capaz. Que te vaya bien amigo!

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