Ten fe


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Tras pasar todo el día en el monte entramos en la casa que se erguía en plena estación de tren. Hablamos de los nagual, de lo intangible. Es hermoso poder reflexionar sobre los misterios de la vida. En la entrada de la casa había un letrero que se repetía en varias estancias: “Ten fe”. La fe es necesaria para la supervivencia. La física y la espiritual. Nuestra anfitriona había estado en lugares remotos donde se había ejercido de forma violenta y cruel el genocidio sobre pueblos indefensos. Sus palabras y sus relatos resonaban como ecos de un tiempo que, visto desde la comodidad de nuestra civilización, parecían de otro siglo. Pero era real, palpable, tangible. Estas cosas están pasando aquí y ahora, en la atrocidad de nuestra corrupción humana.

Sin duda sentí la necesidad de empoderar el sentido de lo compasivo. Creo en el reto del desarrollo interior humano, creo en la esperanza de reconducir nuestros valores y nuestra ética y elevarla al lugar que le corresponde. Lo creo por acto de fe, porque en algún recodo de nuestra incredulidad aparece la magia de creer en el cálido éter del lirio, en las fuerzas astrales que ayudan a restablecer la actividad de las esferas celestes, en la intuición del alma consciente que acrecienta su vida a base de experiencias.

Creo sin duda que reflexionar sobre estas cosas está bien porque de alguna manera nos ayuda a reconducir nuestros pensamientos. Está bien hablar sobre el sexo de los ángeles o sobre las bonitas palabras de unos y de otros. Pero creo que todo esto sería inútil y estéril si no viniera acompañado de una sensata acción, de una voluntad tangible hacia la transformación radical de nuestras estructuras.

Ya sabemos que la Tierra está enferma. Tiene fiebre y lo llamamos calentamiento global, cambio climático. Pronto empezará a estornudar porque de alguna forma nos hemos convertido en un tumor para ella. Luego no sabremos cómo se traducirán sus sacudidas. Pero sí que sabemos como podemos ayudarla a sanar, como podemos ayudarnos a sobrevivir como especie.

Sé que es una locura el pensar que debemos desmantelar todo lo que hemos creado. Sé que es una locura el sentir desde lo más profundo que debemos retroceder cien años en nuestra locura colectiva. Volver a la vida sencilla, a la vida en comunidad cooperativa, abandonar poco a poco lo superficial para centrarnos en lo esencial, en los valores, en la nueva cultura ética, en recuperar aquello que nos une como seres humanos hijos de una misma familia. Sé que es una locura pensar ni tan siquiera que estamos en peligro. Es algo natural en nosotros. Cuando algo extraordinario está a punto de pasar es imposible preverlo, imaginarlo. Quizás no toque a nuestra generación. Quizás tenga que pasar una o dos o tres para que el colapso sea inminente. Pero en algún recodo de nuestro interior sabemos que hay algo que no va bien, hay algo que de forma individual y colectiva no estamos haciendo bien. Lo intuimos, lo sabemos ciertamente. Y tenemos la responsabilidad moral de hacer algo por muy pequeño que sea.

Sí, tengo fe en que así será. Y tengo fe en que cada uno hará su parte y convencerá al otro de la necesidad de cambio, de valores, de nueva cultura ética.

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