Las moradas del Castillo Interior


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Tengo sobre mi pecho la música de Agnes Obe y las palabras de Santa Teresa, la cual decía que la puerta para llegar al alma es la oración, el silencio, la interiorización. La sensación que estos días se percibía en el ambiente era, sin embargo, contraria a todo esto, más bien de estrechez, de extrañeza, de pesadez. A veces se puede palpar en el ambiente cierto nerviosismo, cierto pesimismo por todo lo que nos rodea. Estos días han sido así. La gente estaba despistada, triste, desamparada. Las máquinas incluso no funcionaban, todo se colgaba o dejaba de palpitar. Todo estaba ralentizado, excepto la belleza de Agnes y Teresa y la paz que hemos revivido en la interiorización de hoy, junto al incienso y la luz de una vela.

Vivir deliberadamente en ese punto de quietud es extremadamente difícil. La puerta de Santa Teresa se puede atravesar, pero es difícil permanecer más allá de ese instante de sensación. La música de Agnes se puede atrapar en el instante y podemos navegar hacia los palacios del mediodía. Pero nada permanece.

Hoy sentía en mi pecho los llantos ajenos. Miraba los corazones lagrimosos y quería preñarlos de amor, de consuelo. El futuro es tan incierto y nos duele tanto no saber si tendremos dinero, cobijo, amor, calor, alimento, salud… Sabemos que algo siempre falla tarde o temprano y que el dolor será irremediable. Es la forma de enfrentarnos a ese dolor lo que puede aligerar la carga. Es la fortaleza que exista en nuestras moradas, en nuestro castillo interior, lo que nos hará prudentemente invencibles a la adversidad.

Pero ahí está nuestra fragilidad. Ahí está nuestros aposentos descuidados. Donde habitamos es donde permanecemos. Podemos habitar en el dolor o el sufrimiento. Podemos deleitarnos en el llanto y en la amargura, en la pena y la pérdida. O podemos levantar la mirada y lanzar desde nuestro castillo la llamada del coraje, de la fuerza indestructible, del valor, la audacia y el temple y la intrepidez y…

Ahí fuera también puede sonar la música que nos trasporte hacia el abrazo. Podemos incluso navegar por los barcos que zarparán a alta mar para alcanzar los nuevos mundos que esperan ser explorados. Los corazones, cuando se juntan en una meditación, en un silencio como el que hoy hemos tenido a media tarde, también pueden construir paisajes bellos y montañas y valles cargados de primavera.

¿Se puede desechar todo aquello que no es vida? ¿Podemos enfrentarnos de alguna forma a los hechos esenciales de la existencia? La poderosa llama lo requiere. Ahí tenemos nuestras moradas. Ahí nuestra fortaleza y nuestro castillo. Y en la música de Agnes o en las palabras de Teresa.

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One thought on “Las moradas del Castillo Interior

  1. La verdad es la que es y sólo tiene un camino, el que es, cuando con la mentira y el engaño se manipula, se cae en la traición y con ello a lo sórdido, ruin, cicatero, mezquino y miserable, claro que para ello ha tenido que existir la confianza.
    La confianza se basa en el sentimiento de esperanza, cuando las dos cosas son ilusiones de la mente y lo único real es el ahora, a cada instante y a cada momento es el eterno ahora y claro por lógica deducción es sus movimientos.

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